La cantidad de talento que hay en Girona por metro cuadrado es envidiable. Afortunadamente, esta primera mitad de año he tenido la suerte de descubrirlo un poco más y una nueva visita me ha llevado a probar cómo lo materializan Adrià Edo y Júlia Trota en los platos del Dit i Fet. Aquel mediodía de lunes pensaba en comer un par de platos, pero la carta del Dit i Fet, tan viva y golosa, hizo que empezara la semana con un pequeño banquete. Tenía curiosidad por probar bastantes platos y pudieron adaptar algunos para hacer medias raciones.
Primero, el planchado de pies de cerdo, rebozuelos y Comté, que fue un bocado inicial para abrir boca, suculento y con la profundidad de matices que le conferían las setas y el queso. Después llegó el mini calabacín a la brasa y su flor en tempura con stracciatella y albahaca, refrescante y láctico, perfecto para templar el cuerpo, afligido por el sol de justicia que caía inclemente sobre el empedrado del Barri Vell de Girona. La media ración de tortilla cremosa de gamba de Palamós era generosísima, con una alta potencia de sabor, melosa gracias a la salsa de los corales y, en definitiva, una muy buena idea perfectamente ejecutada que le ha valido ser un plato icónico del restaurante.

"Nuestra cocina parte de una base de cocina catalana tradicional, que respeta el producto, la temporalidad y las cocciones, y le añadimos un estilo personal"
También pedí el pichón de Bresse a la brasa con piparra y brioche con su parfait porque el amigo que me recomendó venir al Dit i Fet es un gran fan del pichón, y mientras lo comía pensaba que tener pichón en la carta es toda una declaración de intenciones, de maestría y oficio, que habla bien del dominio técnico de su cocinero, pero, sobre todo, de esa cierta sensibilidad que se necesita para que el sabor del ave sea bien nítido y la textura, impecable. De postre, fresas con crema de requesón de trapo, albahaca, piñones y helado de leche de oveja, aprovechando la temporada y esa combinación láctica clásica que tan bien le va a la fruta.

"Nuestra cocina parte de una base de cocina catalana tradicional, que respeta el producto, la temporalidad y las cocciones, y le añadimos un estilo personal", explica Trota, responsable de sala. Preguntada por cómo describe qué es Dit i Fet, responde que es "sobre todo, familia: es un restaurante pequeño que poco a poco ha ido creciendo. Pero hemos mantenido la esencia del principio, con un servicio muy cercano y cálido, tratando de entender y de adaptarnos a aquello que busca el cliente sin perder nuestros valores y criterios".

En su carta de vinos, que tiene una de las mejores selecciones de vinos catalanes que yo haya visto nunca, se nota un profundo conocimiento del territorio vitivinícola
En su carta de vinos, que tiene una de las mejores selecciones de vinos catalanes que yo haya visto nunca, se nota un profundo conocimiento del territorio vitivinícola que no es ajeno a las tendencias actuales. "La idea siempre ha sido tener una carta variada, con vinos de todo el mundo. Sobre todo, queremos poner en valor pequeños productores que no se conocen tanto para que el cliente tenga la oportunidad de probar cosas nuevas, diferentes de lo que podemos encontrar en otros lugares e incluso en tiendas. Trabajamos mucho con vinos naturales, pero tenemos un poco de todo, dentro de nuestros gustos, para que todo el mundo pueda disfrutar". Salgo del restaurante satisfecha en todos los sentidos, feliz de haber conocido Dit i Fet, con ganas de volver y recomendarlo, y orgullosa de saber el buen trabajo que hacen para nuestra gastronomía esta hornada de hosteleros como Edo y Trota.