Los alimentos milagro antiaging despiertan interés y prometen ayudarnos a vivir más años y envejecer más despacio. Pero cabe preguntarse si en realidad existen y si sus efectos están avalados por la ciencia. La respuesta es negativa. No hay alimentos que por sí solos alarguen la vida o, al contrario, la acorten. Pero esto no significa que los hábitos alimentarios no influyan en nuestra salud. Y precisamente ahí reside el secreto. Más que de un alimento concreto, deberíamos hablar de un patrón dietético: entonces sí podemos decir que los hábitos alimentarios influyen en nuestra calidad de vida y pueden alargarla o, por ello, acortarla.
1. Fruta:
Oda a la fruta, sea plátano o kiwi. Comer manzanas, peras o frambuesas no alarga mágicamente la vida ni vamos a ser eternos por hincharnos a arándanos, pero la fruta consumida de forma habitual sí reduce el riesgo de sufrir una enfermedad cardiovascular, una de las principales causas de muerte a nivel global. Ello se traduce en un aumento de las posibilidades de vivir más años.

La fruta consumida de forma habitual reduce el riesgo de sufrir una enfermedad cardiovascular
2. Aceite de oliva y aceitunas:
Tanto el fruto como el aceite del olivo son alimentos antiedad, por su riqueza en ácidos grasos monoinsaturados, como el oleico junto a antioxidantes como las flavonas fenólicas de las aceitunas y los fenoles y la vitamina E del aceite de oliva. Tienen un efecto marcado sobre la salud del corazón y las arterias, ya que ayudan a bajar la presión sanguínea y a regular los niveles de grasas en la sangre, principales factores de mortalidad actual, de ahí que los pueblos mediterráneos que consumen aceite de oliva sean más longevos que otros. También protegen frente al cáncer, especialmente el de mama. Retrasan el envejecimiento neuronal y previenen el deterioro mental y la pérdida de memoria de la vejez. También ayuda a mantener la piel hidratada y sana.
3. Legumbres:
Ese alimento incomprendido. De ellas se dice que engordan y que son aburridas. Pero hay que desmentir ambos bulos. Comerlas de forma habitual ayuda a no engordar, porque tienen efecto saciante. Las virtudes de garbanzos y judías y demás leguminosas residen en su alto contenido en fibra -que reduce el apetito- además de contener hidratos de carbono complejos.

4. Avena:
Este cereal se ha puesto de moda por su contenido en proteínas y fibra saciante, que ayudan a perder peso y grasa. La avena fue el desayuno de los abuelos por su valor energético, pero además es una fuente de ácido fítico que previene el cáncer. Aportan fibra soluble en forma de betaglucano disminuye el apetito y absorbe las grasas y ayuda a equilibrar las grasas en la sangre. Su contenido en avenina, una sustancia calmante y desestresante, podría ser la causa de que los que toman avena sean abuelos en plena forma, sin nervios y con buen humor.