El Bar Milagros, ubicado en el distrito de Sarrià Sant Gervasi, ha celebrado dos años reafirmándose como punto de encuentro social y gastronómico del barrio, convertido en esa clase de bares que a algunos tanto nos gusta visitar. Es decir, una especie de bistró francés donde quedar con los amigos o la familia para charlar, comer unos platillos o unas tapas tradicionales, y tomar unos vinos o unas birras en un ambiente distendido y casual.
La celebración ha tenido lugar esta semana en el mismo Bar Milagros —que, de hecho, es un restaurante—, llenando el local de esos amigos que les han acompañado durante estos dos años.
Así de pie, ante la terraza saludando a la parroquia, justo en ese momento antes de la comida, cuando los invitados únicamente hablan de temas sin importancia mientras esperamos que se anuncie la comida, nos saludamos con Jordi Parramon, que, junto con el chef Javier Álvarez, tiran del carro en este proyecto creado por los socios Llorenç Balagué y Jordi Malet, con la filosofía de aportar aire fresco al barrio como también hicieron con las aperturas anteriores: el Bar Lorenzo y el Bar Remedios.
Para los que no conocéis a Jordi, os diré que consiguió una estrella Michelin con su restaurante de Osona, aunque la leyenda urbana cuenta que devolvió la estrella, cosa que él niega. Es más, habla de la buena relación que siempre ha mantenido con la prestigiosa guía. Lo que pasó realmente no interesa a nadie, solo a él, pero, para clarificarlo, es que por razones que no vienen al caso decidió cambiar de modelo de negocio y, en este nuevo modelo, las estrellas ya no jugaban. Este cocinero, nacido en Cantonigròs, coincidió en el Dorado Petit, que muchos recordaréis, con el chef y amigo Mariano Gonzalvo, del Paller del Coc, y los que conocemos a los dos cocineros entendemos muchas cosas de su cocina, que transpira pasado, pero también futuro.
El Bar Milagros celebra dos años consolidándose como ese bistró de barrio donde la gastronomía y la vida social se encuentran de manera natural.
Comenzamos la celebración con unas sardinas en escabeche con tomate de Barbastro y una copa de Corpinnat para continuar con los aperitivos, así aparecen unos pequeños bocados fríos de cangrejo real, tartar de gamba y de solomillo de vaca, que apetecen especialmente hoy que han subido las temperaturas. Gustosa y refrescante también la esqueixada de pez limón, pimiento verde, tomate, cebolla y aceitunas.
El atún rojo marinado no lo he disfrutado tanto porque va acompañado de higos y no me gustan nada, pero me consta, por mi compañero de mesa, que es un buen gourmet, que está exquisito. Lo acompañan unos encurtidos y brevas.
La mano de Jordi Parramon está bien presente en toda la comida. Un día me comentaba que técnicamente hemos avanzado en muchas cosas y hemos recuperado otras. Él trabaja mucho con fermentaciones. Todavía recuerdo la visita donde trabajaba antes, el pequeño almacén lleno de estanterías repletas de botes llenos de encurtidos y fermentos con ternera, caballa, cordero, pichón, corvina, verduras de todos los gustos y colores, con su fecha de fabricación, algunos de los cuales conservados más de un año. Nunca había visto nada parecido… ¡Qué alquimista está hecho, el tío! Ahora comprendo las palabras de Mariano del Paller: "Es un crack con una mente muy avanzada".
La incorporación de Jordi Parramon al proyecto apunta a una de esas colaboraciones destinadas a dar muchas alegrías al barrio y a los amantes de la buena mesa.
Continuamos con los segundos: un rape con tupinambo y salsa bearnesa y un carré de cordero de Osona con patata al horno y su garum, que no tiene desperdicio.
Cerramos la comida con un milhojas de fresitas con nata y unas trufas de chocolate.
Hay que decir que toda la comida ha sido maridada con Torelló. Así pues, hemos probado el Corpinnat Torelló Pàl·lid 2023, elaborado con variedades macabeo y pinot noir; el Brut Nature 2021, con macabeo, xarel·lo y parellada, y el Gran Crisalys blanco 2024, con xarel·lo y chardonnay.
