Seamos claros, el pasado martes era mal día para desplazarse por el país, debido a las intensas lluvias y las correspondientes subidas del nivel del mar, los ríos y las rieras. Pero resulta que había reservado mesa unos días antes del diluvio universal en el restaurante Ferreruela de Lleida porque lo tenía pendiente y me habían hablado muy bien de él, y para no cancelar la reserva cojo el coche y la carretera hacia Lleida, a pesar de la lluvia. Como era obvio, llovió durante todo el viaje y la carretera, como era de esperar, estaba muy vacía, debido —me imagino— a las alarmas de Protección Civil, que aconsejaban evitar desplazamientos innecesarios y que, personalmente, me pasé por el forro, puesto que el temporal fuerte parecía concentrado en Girona.

Equipo del restaurante Ferreruela / Foto: Víctor Antich

Pero vayamos a lo que nos interesa, Gonçal Ferreruela —chef con un pasado ligado a Santi Santamaria; concretamente, estuvo trabajando como jefe de partida de postres cuando Can Fabes estaba abierto— inauguró hace quince años el restaurante Ferreruela en el barrio de Pardinyes de Lleida. Desde entonces, se ha convertido en un referente en la ciudad, siendo verdaderos especialistas en brasa y cocina tradicional. Justamente por eso han conseguido los aplausos de sus conciudadanos, el local lleno a todas horas así lo certifica. También figuran en las guías Michelin, Repsol y Slow Food.

Gonçal Ferreruela, en la puerta de su restaurante / Foto: Víctor Antich

Dejadme decir, para empezar, que en el Ferreruela no tienen menú, ni falta que les hace. Su carta cambia a diario y se adapta a la disponibilidad de los productos —siempre de temporada y de proximidad—. Así pues, examino detalladamente la carta y, para probar el máximo posible de platos, pido medias raciones. El restaurante está ubicado dentro de un antiguo almacén de la calle Bobolà, junto a la estación de trenes y justo al lado de la nueva estación de autobuses, que se inaugurará dentro de unos meses. Con su techo inclinado de madera, uno podría pensar que está dentro de una cabaña típica de montaña, pero con todos los lujos, como la maravillosa brasa que preside la sala donde cocinan la mayoría de los platos que elaboran.

Ensalada de alcachofas. Ferreruela / Foto: Víctor Antich

Empiezo con una ensalada de corazones de alcachofa con queso curado y naranja sanguina, mientras ojeo la completísima carta de vinos, donde predominan los de la DO Costers del Segre, para terminar tristemente pidiendo una botella de agua y así no preocuparme durante el viaje de vuelta.

Caracoles a la gormanda. Ferreruela / Foto: Víctor Antich

No puedes marcharte de Lleida sin comer un buen plato de caracoles, y aquí los cocinan de manera tradicional a la gormanda, con crujiente y alioli. Quizás sean los mejores caracoles que haya probado en años y hay que decir que están estupendos.

Corvina a la brasa. Ferreruela / Foto: Víctor Antich

La corvina, acompañada de espinacas, pasas y piñones, está cocinada a la brasa; su piel crujiente y el punto exacto de la cocción hacen que el pescado se deshaga en la boca, lo que confirma lo que ya sospechaba, y es que Albert es un maestro en esto de las brasas.

El restaurante Ferreruela elabora una cocina catalana arraigada a la tierra, utilizando la brasa, donde cocinan la mayoría de sus elaboraciones. Todo un referente en la ciudad de Lleida que hay que visitar regularmente

Mollejas de ternera. Ferreruela / Foto: Víctor Antich

Para terminar, y más por vicio que por hambre, me ventilo medio plato de mollejas de ternera con salsa de ostras y galanga, antes de que lleguen los postres, una versión de la crema catalana con piña y helado que llaman "El meu avi va anar a Cuba".

"El meu avi va anar a Cuba". Ferreruela / Foto: Víctor Antich

Pienso que el viaje a Lleida ha valido mucho la pena. En el restaurante Ferreruela elaboran una cocina catalana arraigada a la tierra, donde la brasa de carbón juega un papel fundamental. Por ella pasan, indiscriminadamente, carnes y pescados de la mejor calidad. Es, sin duda, uno de los referentes de la cocina de Lleida que hay que visitar a menudo para ser feliz