Tal día como hoy del año 1976, hace 50 años, en Vitoria-Gasteiz (País Vasco), y en el contexto de los meses inmediatamente posteriores a la muerte del dictador Franco, una brigada de la Policía Armada española —popularmente y despectivamente “los grises”— disparaba contra un grupo de trabajadores asamblearios —reunidos en una iglesia— y provocaba la muerte de cuatro personas (y una más que, a causa de las heridas de bala, moriría pasados unos días) y heridas de diversa consideración (desde muy graves hasta leves) a un centenar de personas.
Desde principios de aquel año (1976), los trabajadores habían decretado diversas huelgas sectoriales que habían llevado al tejido industrial de la ciudad a una situación prácticamente de paro general. Se calcula que podía haber unos 20.000 trabajadores en huelga en una ciudad que, en aquel momento, censaba unos 140.000 habitantes. El día de los hechos, un numeroso grupo de trabajadores —principalmente del sector del metal— se reunió en el templo parroquial de San Francisco de Asís, en el barrio obrero de Zaramaga, para celebrar una asamblea.
Cuando el gobernador civil Rafael Landín Carrasco tuvo conocimiento de aquella concentración, envió una brigada de la Policía Armada, dispuesta a asaltar el templo parroquial. La mediación del párroco lo evitó en un primer momento, pero, finalmente, una parte de la brigada de los “grises” asaltó el templo y, cuando estuvo en el interior del templo, lanzó gases lacrimógenos contra los asamblearios. Según las fuentes y los testimonios, se produjeron escenas de caos y de pánico que produjeron varios heridos.
Fuentes y testimonios relatan que un pequeño grupo de asamblearios escapó de aquel escenario caótico y salió al exterior a través de la puerta principal del templo, donde los esperaba el resto de la brigada policial, que los ametralló. Murieron —en el acto— José Castillo (32 años), Pedro María Martínez Ocio (27 años), Romualdo Barroso Chaparro (19 años) y Francisco Aznar Clemente (17 años). Bienvenido Pereda (30 años) sería gravemente herido y lucharía contra la muerte hasta que, pasadas ocho semanas, acabaría muriendo.
Dos días después (5 de marzo), se convocaron manifestaciones de protesta en diversas ciudades del Estado español. En Tarragona, una manifestación que discurría por la Rambla fue duramente reprimida. Un pequeño grupo de tres manifestantes se escapó por la calle Unió —perpendicular a la Rambla— y, a través de una escalera de vecinos, se refugiaron en un tejado. Los escopeteros de los “grises” iniciaron una cacería contra este pequeño grupo y les dispararon hasta que hicieron caer a la calle —desde una altura de cinco pisos— al joven Joan Gabriel Rodrigo (19 años), que moriría en el acto.
Cuando esto ocurrió, el ministro de Gobernación era Manuel Fraga Iribarne, que más adelante fundaría el partido Alianza Popular y sería presidente de la Xunta de Galicia. El director general de Seguridad era José Antonio Zarzalejos Altares, más adelante gobernador civil de Vizcaya y que dimitiría cuando fue legalizada la ikurriña. Y el jefe de los servicios secretos españoles en el País Vasco era Ángel Ugarte, considerado la primera autoridad española que negociaría con ETA. Pasados los años, los tres morirían sin que nunca la justicia española les hubiera exigido responsabilidades por aquella masacre.