Catalunya está llena de nuevos restaurantes que ofrecen una cocina buenísima. Algunos de los proyectos que han abierto estos últimos años son de cocina catalana tradicional. Y eso es de celebrar. Pero no nos podemos olvidar de los locales históricos; aquellos que hace años, e incluso siglos, que dan de comer en nuestro país. Hoy visito uno de estos establecimientos emblemáticos, una casa con más de 150 años de historia que desde hace poco regenta un equipo comprometido con el legado de la casa y con mantener viva la cultura gastronómica tradicional de los desayunos de tenedor.

El restaurante Can Gallart se encuentra en Santa Coloma de Farners, capital de la Selva. Se trata de una masía rústica que funciona como restaurante desde el siglo XIX. Un trozo de historia viva del país que desde hace dos años regentan la Sílvia, la Paula y l'Hugo, tres socios que luchan cada día por mejorar y sacar adelante un proyecto que apuesta por la buena cocina catalana hecha de manera tradicional. Una cocina de siempre, honesta, sencilla y abundante, que cuida al comensal y hace que los clientes salgan contentos

Caracoles con salsa del restaurante Can Gallart. / Foto: Esmorzarsdeforquilla.cat

Can Gallart es un lugar ideal para grupos, ya que dispone de diferentes espacios para acoger grupos grandes. Su especialidad son los desayunos de tenedor, con guisos, carne a la brasa, caracoles o postres de músico, entre otras opciones, y todo ello regado con vino y, evidentemente, buena ratafía. Y es que Santa Coloma de Farners es conocida por ser la capital mundial de la ratafía, lugar donde se celebra la feria más importante del país de este producto del país.

Chuleta de más de un kilo del restaurante Can Gallart. / Foto: Esmorzarsdeforquilla.cat

Para redondear el desayuno, toca hacer unos buenos postres. Pruebo el xuixo de Girona, muy típico de estas tierras, y el músic, un clásico de la cocina catalana

Entre los platos que pruebo hoy, destacan los caracoles con salsa, toda una delicia tradicional para chuparse los dedos. Disfruto también de unos embutidos artesanos de Vilobí d'Onyar, producto auténticamente de kilómetro cero que abre el apetito para hacer sitio al siguiente plato: unos buenos pies de cerdo con caracoles. ¡Porque los caracoles son vida, y más para un buen leridano! Seguimos con un clásico: la pata y tripa. Y cerramos los platos principales con un auténtico plataco que no se encuentra en todas partes: el chuletón madurado de 1,3 kg, una auténtica delicia espectacular

Postres del restaurant Can Gallart. / Foto: Esmorzarsdeforquilla.cat

Para redondear el desayuno, toca hacer unos buenos postres. Pruebo el xuixo de Girona, muy típico de estas tierras, y el músico, un clásico de la cocina catalana. Para rematarlo, un helado de ratafía acompañado de su porroncito. Un local que vale mucho la pena visitar, no solo por la gran comida que sirven, sino también por la historia del establecimiento y de los socios que lo llevan. Paula y Hugo, antes de coger este proyecto, siempre habían trabajado en hostelería. Por su parte, Sílvia siempre había tenido el sueño de llevar un restaurante.