Hay restaurantes donde vas a comer y restaurantes donde, antes de que llegue el primer plato, ya tienes la sensación de que has acertado. Can Xiquet, en Campllong, es de estos segundos. Una masía catalana puesta al día, con piedra, madera y cerámica, pero con un aire mediterráneo, cálido y contemporáneo que invita a sentarse, mirar alrededor y dejar que la comida haga su trabajo. Y el trabajo, aquí, está bien hecho.
Can Xiquet vive una nueva etapa de la mano de la familia Massana, vinculada desde hace décadas a la restauración de Girona. El proyecto lo lidera Eduard Massana, al frente de la sala, y en los fogones está Alex Rodríguez, jefe de cocina, que lleva el día a día de una propuesta que mira hacia la cocina catalana de siempre, sin complicarla porque sí. Pero en esta nueva etapa también tiene un papel importante Pere Massana hijo. Habitualmente vinculado a la cocina del Restaurant Massana de Girona, donde desarrolla buena parte de su actividad, también participa en el diseño de la carta de Can Xiquet y viene a echar una mano. El día de nuestra visita, con la cocina bien controlada por Alex Rodríguez, Pere se pone también al servicio de la sala y ayuda a su hermano Eduard. Y ambos ofrecen una atención excelente, cercana y profesional.

La propuesta se construye alrededor del producto y el territorio. Y después de comer allí, cuesta encontrar una definición más acertada
Es una combinación que tiene todo el sentido. Experiencia, sala, cocina y una familia que conoce muy bien qué significa hacer restaurante. La propuesta se construye alrededor del producto y el territorio. Y después de comer allí, cuesta encontrar una definición más acertada. Empezamos con el crujiente de garbanzo y aceitunas kalamata para ir abriendo boca mientras llega la cerveza. Un bocado sencillo, sabroso y con ese punto salino que pide otro trago. Y enseguida entran los aperitivos: la coca de cristal, bien fina y crujiente, untada con tomate y con butifarra magra a la brasa; unas croquetas de asado bien rebozadas y con el interior muy cremoso, y una espectacular tortilla abierta de rebozuelos, panceta y trufa de verano. Tres bocados bien diferentes que tienen en común una cosa: dan ganas de continuar.

Entre los principales, el mar y montaña juega en casa. Unos dados crujientes de pies de cerdo con parmentier y gambas. La gracia es precisamente esta: la contundencia gelatinosa del cerdo, el crujiente exterior, la cremosidad del parmentier y el toque marino de la gamba. Un plato de contrastes que explica muy bien qué quiere ser esta cocina: reconocible, catalana y con ganas de hacernos comer bien.

El bacalao llega sobre una cama de samfaina, cubierto con un alioli de ajos asados y avellanas. Cuesta encontrar una combinación más nuestra, pero aquí hay un detalle que lo cambia todo: el ajo asado aporta dulzura y profundidad, mientras que la avellana le pone textura y un punto tostado que redondea el conjunto.

Y llega la hora de los postres. El flan cremoso casero es de esos que no necesitan mucho más que una cuchara. Cremoso, suave y con ese sabor a huevo y caramelo que nos lleva directamente a la cocina de casa. Pero el pastel de queso Mon Gourmet juega en otra liga. Cremoso, sabroso y con suficiente personalidad para terminar la comida con nota. De diez.

Un restaurante que basa buena parte de su discurso en compartir mesa, territorio y calidez; es casi la mejor carta de presentación
Después, cafés. Porque hay comidas que se acaban con la cuenta y otras que se alargan un rato más. Y Can Xiquet invita a alargarlas. Durante nuestra comida, el comedor está lleno. Las tres salas para grupos de unas diez personas también están llenas, y en el porche cubierto y climatizado hay unas cuarenta personas celebrando un cumpleaños. Todo lleno. Y eso, en un restaurante que basa buena parte de su discurso en compartir mesa, territorio y calidez, es casi la mejor carta de presentación.

En Can Xiquet encontramos, en definitiva, una manera de entender la restauración muy arraigada al negocio familiar de los Massana. La profesionalidad, el anfitrionaje y, sobre todo, el respeto por el producto que han construido durante décadas en el Restaurant Massana de Girona, reconocido con una estrella Michelin, también están presentes aquí. La diferencia es que en Can Xiquet todo esto se pone al servicio de una propuesta más informal, más directa y muy vinculada a la cocina catalana. Una masía que conserva las raíces, pero que ha sabido ponerse al día; una cocina que no necesita artificios, y una familia que continúa haciendo del restaurante una manera de entender la hospitalidad. Y si el resultado es una casa llena, con mesas que celebran, comparten y alargan la sobremesa, probablemente es que la fórmula continúa funcionando.