La samfaina acostumbra a aparecer en la cocina catalana como una base caliente, lenta y muy agradecida para acompañar carne, pescado, huevos o legumbres. Pero cuando llega el verano y las noches son calurosas, también puede funcionar de una manera diferente: fría o a temperatura ambiente, como una especie de acompañamiento vegetal lleno de sabor que resuelve cenas sin tener que encender los fogones a última hora. La gracia es que la samfaina ya tiene todo lo que pide la cocina de verano con tomate, pimiento, cebolla, berenjena, calabacín, aceite de oliva y tiempo para que los sabores se integren. Si se prepara con antelación y se deja reposar en la nevera, el resultado puede ser aún mejor que recién hecho.
Con los ingredientes propios del verano, hacemos un plato ideal para acompañar platos frescos
La clave es cocerla bien y dejarla reposar
La samfaina no es solo una mezcla de verduras cortadas. Para que quede realmente buena, cada ingrediente debe tener su momento. La cebolla necesita empezar a fuego suave para que pierda fuerza y coja dulzor. El pimiento debe cocer lo suficiente para quedar tierno, pero sin desaparecer. La berenjena y el calabacín aportan textura, pero también piden un poco de paciencia para que no queden crudos ni aguados.
Después llega el tomate, que es el que acaba de ligarlo todo. Puede ser tomate rallado, triturado o bien maduro cortado pequeño, pero debe reducir un poco para que la samfaina no quede líquida. El punto ideal es aquel en que las verduras están melosas, el tomate ha perdido la acidez y el aceite empieza a brillar ligeramente en el fondo de la cazuela.

Una vez hecha, lo mejor es no tener prisa. La samfaina fría gana mucho si reposa unas horas, porque los sabores se mezclan mejor y la textura queda más compacta. Por eso es una receta perfecta para hacer por la mañana o el día antes. Cuando llega la hora de cenar, solo hay que sacarla de la nevera un rato antes para que no esté excesivamente fría.
Un acompañamiento que combina con casi todo
La gran virtud de la samfaina fría es que puede convertir cualquier plato sencillo en una cena mucho más completa. Con una tortilla francesa, con un huevo duro, con atún, con sardinas, con bacalao desmigado o con un trozo de pan tostado, funciona sin necesidad de añadir mucho más.
También puede servir como base para un plato de verano más improvisado. Una cucharada generosa de samfaina sobre una rebanada de pan con un poco de anchoa o queso fresco puede resolver una cena en dos minutos. Y con pasta fría o arroz blanco también encaja muy bien, porque aporta salsa, verdura e intensidad. Además, es una buena manera de aprovechar verduras de temporada cuando las hay en abundancia. Pimientos, tomates, berenjenas y calabacines están en su mejor momento en verano, y eso hace que la receta tenga mucho más sentido.
Así pues, la samfaina fría no es una ocurrencia extraña, sino una manera muy práctica de llevar un clásico catalán al ritmo del verano. Se prepara antes, aguanta bien, combina con todo y da a las cenas calurosas ese toque casero que no siempre es fácil encontrar cuando solo apetece comer fresco.