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Poner la cebolla en la nevera un rato antes de cortarla puede ayudar a reducir ese escozor que obliga a detenerse en medio de la preparación del sofrito para secarse las lágrimas. Es un gesto sencillo, que podemos hacer mientras organizamos los ingredientes de la comida o preparamos el resto de verduras. El frío puede ralentizar las reacciones que liberan los compuestos irritantes cuando rompemos las células de la cebolla con el cuchillo. Aunque no es una garantía absoluta contra las lágrimas, es una recomendación fácil de probar sin modificar la receta ni añadir ningún ingrediente.

Llorar a la hora de cortar la cebolla es uno de los problemas habituales a la hora de hacer todo tipo de platos en casa

Enfriar la cebolla antes de cortarla

La manera más cómoda de hacerlo es dejar la cebolla entera en la nevera entre media hora y una hora antes de empezar. Cuando tengamos la tabla y el cuchillo preparados, la sacamos, la pelamos y la cortamos como necesite el plato: en dados para un sofrito, en juliana para una tortilla o en rodajas para una ensalada. No es necesario hacer ninguna preparación especial fuera de lo común.

Cebolla. Pexels

En este sentido, también podemos recurrir al congelador durante unos minutos si vamos justos de tiempo. La intención es enfriarla, sin llegar a congelarla. La nevera, sin embargo, permite organizar este trabajo con menos prisas y sin tener que estar tan pendientes del reloj. Podemos poner la cebolla cuando empezamos a preparar la comida y dejar el corte para el momento en que ya lo tengamos todo a punto y la cebolla bien fría.

De esta manera, incorporamos una pequeña pausa previa que puede hacer más agradable una de las tareas más habituales de la cocina. El resultado puede variar según la cebolla y las condiciones en que trabajamos. Algunas resultan especialmente irritantes y pueden seguir haciéndonos llorar aunque estén frías. Por eso, conviene combinar este gesto con otros detalles que también influyen en la manera de cortarla.

El cuchillo y la ventilación también cuentan

Uno de los más importantes es usar un cuchillo bien afilado. Cuando la hoja corta con facilidad, podemos atravesar las capas sin aplastar tanto el vegetal ni tener que presionar excesivamente. Conviene trabajar con movimientos suaves y controlados, sin querer acabar deprisa. Cortar más rápido no siempre facilita el trabajo, sobre todo si ya tenemos los ojos irritados y nos cuesta ver bien la tabla.

También es recomendable renovar el aire de la cocina o encender la campana extractora si la superficie donde cortamos queda dentro de su alcance. Esto puede ayudar a alejar los compuestos irritantes de la cara y, en especial, los ojos. Cortar la cebolla sumergida en agua es una alternativa menos práctica, porque dificulta sujetarla y controlar el cuchillo. Para el día a día, trabajar sobre una tabla estable resulta mucho más cómodo.

Así pues, antes del próximo sofrito, deja la cebolla un rato en la nevera, prepara un cuchillo que corte bien y procura tener un poco de ventilación. Mantén la cara separada de la superficie de trabajo y detente si el escozor te dificulta la visión. Con estos pequeños cambios, puedes reducir las molestias y continuar preparando el plato con más comodidad.