Ni la cebolla ni la patata: esto es lo más importante a la hora de cocinar una tortilla de patatas

Cuando se habla de tortilla de patatas, la discusión acostumbra a ir siempre hacia el mismo lugar: con cebolla o sin cebolla. Pero hay otros detalles que pueden cambiar mucho más el resultado final y que a menudo pasan desapercibidos. En Villa Delicious lo tienen claro: su receta se prepara siempre con cebolla, pero hay un ingrediente pequeño que marca la diferencia, un diente de ajo. No hace falta añadir más. Esta cantidad aporta profundidad, refuerza el sabor de la patata y de la cebolla y da al conjunto un punto aromático que hace que la tortilla sea más intensa sin que el ajo acabe dominando.

Un elemento extra que suma mucho sabor y no tapa nada

Un diente de ajo es suficiente para transformar el sabor

Para preparar esta versión necesitas cinco patatas, siete huevos, una yema extra, una cebolla, un diente de ajo, sal y aceite de oliva suave. La proporción permite conseguir una tortilla generosa, con suficiente huevo para que el interior quede cremoso y sin que la patata absorba toda la mezcla. El primer paso consiste en pelar las patatas y cortarlas en piezas finas y regulares para que se hagan al mismo ritmo. La cebolla también conviene cortarla pequeña, de manera que quede bien integrada.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

El ajo se puede picar muy fino o aplastar ligeramente antes de añadirlo. Lo más importante es que desprenda aroma sin llegar a quemarse, porque un ajo demasiado tostado puede dar un punto amargo desagradable. Una buena opción es incorporarlo cuando la cebolla ya empieza a ablandarse y dejar que se cocine suavemente con el resto.

Las patatas y la cebolla se tienen que hacer con una cantidad generosa de aceite de oliva suave y a temperatura moderada. Aquí no buscamos unas patatas crujientes como las que serviríamos de acompañamiento, sino una textura tierna, casi confitada. Tienen que quedar blandas, pero sin deshacerse completamente.

La yema extra ayuda a conseguir una textura más melosa

Cuando la patata esté hecha, hay que escurrir bien el exceso de aceite antes de mezclarla con los huevos. En un bol grande, bate los siete huevos con la yema extra y un poco de sal. Esta yema adicional aporta más grasa y contribuye a dar una textura más untuosa y cremosa en el centro de la tortilla. Después se incorpora la patata, la cebolla y el ajo todavía tibios. Dejar reposar la mezcla unos minutos ayuda a que los sabores se integren y a que la patata absorba un poco de huevo. Es un detalle sencillo, pero puede hacer que el interior quede mucho más homogéneo.

A la hora de cuajarla, la sartén tiene que estar caliente al principio para que se forme rápidamente una capa exterior que permita girarla sin que se rompa. Una vez vertida la mezcla, se puede reducir un poco el fuego para que el interior no cuaje demasiado deprisa.

El punto final dependerá del gusto de cada uno. Si se quiere muy jugosa, basta con poco tiempo por cada lado; si se prefiere más hecha, hay que alargar un poco la cocción. Pero el detalle que diferencia esta receta es precisamente aquel grano de ajo: pequeño, discreto y suficiente para dar más profundidad a una tortilla que sigue teniendo la patata, la cebolla y el huevo como protagonistas.