Cuando los plátanos empiezan a oscurecerse, mucha gente piensa que ya han pasado su mejor momento y acaban directamente en la basura. En realidad, es justo entonces cuando pueden resultar más útiles para preparar postres. A medida que maduran, su textura se vuelve más blanda y su sabor naturalmente más dulce, dos características perfectas para elaborar un bizcocho de plátano y cacao sin azúcar añadido. Carlos Ríos ha popularizado este tipo de recetas de aprovechamiento con una idea muy sencilla: triturar los ingredientes y dejar que el horno haga el resto. El resultado es tierno, jugoso y lo suficientemente dulce sin necesidad de añadir azúcar refinado.
La mejor manera de evitar malgastar la fruta madura
Los plátanos muy maduros son perfectos para la repostería
Para preparar este tipo de banana bread, los mejores plátanos son precisamente aquellos que presentan muchas manchas oscuras en la piel y que quizás ya no apetecen tanto para comer solos. La pulpa es más cremosa, se puede aplastar fácilmente con un tenedor y aporta dulzor a toda la masa.
Una base sencilla se puede preparar combinando estos plátanos con huevos, harina de avena o avena triturada, cacao puro y un poco de impulsor químico. También se pueden incorporar canela, vainilla o unos cuantos frutos secos para darle más aroma y textura. La clave es que el plátano esté lo suficientemente maduro para que no sea necesario compensarlo con azúcar.
La preparación tampoco tiene mucho misterio. Primero se aplastan o se trituran los plátanos hasta obtener una crema. Después se incorporan los ingredientes húmedos y, finalmente, los secos. La masa debe quedar homogénea, pero no es necesario trabajarla excesivamente. Se pasa a un molde y se lleva al horno hasta que el centro quede cocido y el exterior adquiera un ligero color tostado.
Un postre fácil que también evita el desperdicio
El cacao combina especialmente bien con el sabor dulce del plátano maduro y permite obtener un postre con una sensación mucho más golosa de lo que sugiere una receta sin azúcar añadido. Una vez frío, el bizcocho queda húmedo por dentro y se puede cortar fácilmente en porciones para desayunar o merendar.
Esta receta también es una buena manera de aprovechar alimentos antes de que se estropeen. Que un plátano tenga la piel casi negra no significa necesariamente que se tenga que tirar. Si el interior continúa en buen estado, sin moho ni olores extraños, puede ser incluso mejor para cocinar que una pieza todavía verde.
El bizcocho se puede conservar unos días bien protegido o cortarlo en porciones y congelarlo. Así, los plátanos que estaban a punto de acabar en la basura se convierten en varios desayunos preparados. Por lo tanto, la próxima vez que veas tres o cuatro plátanos excesivamente maduros en el frutero, no los descartes. Con cacao, avena, huevos y unos minutos de horno, pueden convertirse en un postre casero, aromático y muy fácil en el que la misma fruta es la encargada de aportar buena parte de la dulzura.
