Los langostinos cocidos suelen servirse con mayonesa o salsa rosa, pero hay una alternativa mucho más aromática que puede cambiar completamente este clásico del marisco. Se trata de una salsa de vino blanco, una preparación sencilla que combina la acidez del vino con el toque fresco del limón y una textura ligeramente cremosa gracias a una pequeña cantidad de maicena. Es una manera diferente de acompañar los langostinos sin esconder su sabor y con un resultado que recuerda aquellas recetas tradicionales en las que pocos ingredientes eran suficientes para dar carácter al producto. La salsa se prepara en pocos minutos y funciona especialmente bien cuando los langostinos ya están cocidos y solo queremos convertirlos en un entrante un poco más especial.
Una salsa sencilla de preparar pero que permite salir de los clásicos que acaban restando la gracia de los langostinos
El vino blanco es la base de una salsa muy sencilla
Cuando compramos langostinos crudos, su color grisáceo o azulado se transforma en el característico naranja durante la cocción. Una vez cocidos, conviene no manipularlos demasiado si queremos conservar su textura. Por eso, en esta receta la protagonista es la salsa: los langostinos solo se incorporan al final o se pueden servir directamente con el aliño por encima.
Para prepararla, calienta un poco de aceite de oliva en una sartén o cazo a fuego medio. Añade una cucharadita de maicena y remueve durante unos segundos para que pierda el sabor a almidón crudo. No es necesario dejar que coja mucho color. A continuación, incorpora el vino blanco poco a poco mientras sigues removiendo, de manera que no se formen grumos.
La maicena hará que la mezcla espese ligeramente hasta conseguir una textura similar a una bechamel muy fluida. El objetivo no es obtener una salsa densa, sino una preparación que pueda adherirse a los langostinos sin cubrir completamente su sabor. Si queda demasiado espesa, se puede corregir añadiendo un poco más de vino o una pequeña cantidad de agua.
El limón da el contrapunto fresco que necesita el marisco
Cuando la salsa ya tenga la textura adecuada, añade sal y pimienta al gusto. Exprime el zumo de un limón e incorpóralo gradualmente, probando la salsa para controlar la acidez. También puedes rallar un poco de piel de otro limón, siempre evitando la parte blanca, que es más amarga. Deja que la salsa cueza unos minutos a fuego suave para que el vino reduzca y todos los sabores queden integrados. Después solo hay que retirarla del fuego y servirla sobre los langostinos cocidos o en un recipiente aparte para que cada uno añada la cantidad que quiera.
El resultado es un aderezo más ligero y aromático que las salsas habituales. El vino blanco aporta profundidad, el limón frescura y la maicena da el punto justo de cuerpo. Una combinación muy fácil que permite presentar unos simples langostinos cocidos de una manera diferente, elegante y llena de sabor.
