Cuando pensamos en masa de pizza, casi siempre imaginamos una base abierta, tomate, mozzarella y horno muy caliente. Pero Marc, un pizzaiolo catalán, demuestra que esta misma masa puede tener una segunda vida espectacular si se trata casi como si fuera un pan. La idea es sencilla pero muy efectiva: estirar una masa de estilo napolitano, añadirle aceite de oliva, plegarla por la mitad y cocerla para que quede inflada, ligera y preparada para rellenar. El resultado es una especie de bocadillo italiano con alma de pizza, crujiente por fuera, tierno por dentro y con un relleno que no necesita mucho más para funcionar ya que lleva mortadela de Bolonia con pistacho, burrata, pimienta, pesto y pistacho tostado.
La masa de pizza bien trabajada permite hacer inventos sencillos y deliciosos
La masa de pizza hace de pan, pero con mucha más personalidad
La clave de esta receta es entender que la masa no se usa como una pizza tradicional. No se le pone salsa ni queso antes de entrar al horno. Primero se estira con cuidado, intentando mantener el aire de la fermentación, sobre todo si es una masa de estilo napolitano. Después se le añade un chorro de aceite de oliva por la superficie. Este gesto es importante porque ayuda a dar sabor, evita que las dos partes se peguen demasiado al plegarla y crea una textura más agradable cuando se cuece.
Una vez untada, la masa se pliega por la mitad. La idea es que, al cocerse, coja volumen y quede como una pieza abierta, preparada para convertirse en bocadillo. No debe quedar plana ni compacta, sino aireada y con esa miga elástica tan propia de una buena pizza. Cuando sale del horno, la masa ya tiene algo que un pan normal no siempre ofrece gracias al aroma de pizza, bordes ligeramente tostados y una textura capaz de aguantar un relleno cremoso sin perder carácter.
El relleno es sencillo, pero está muy bien pensado
La base del relleno es la mortadela de Bolonia con pistacho. Es un ingrediente graso, delicado y muy aromático, que encaja perfectamente con una masa caliente porque se atempera ligeramente sin llegar a fundirse. Encima entra la burrata, pero es importante que no esté recién salida de la nevera. Atemperada, gana cremosidad, tiene más sabor y se reparte mucho mejor dentro del bocadillo.
La pimienta aporta un punto de contraste y corta un poco la sensación láctica de la burrata. El pesto, en cambio, da albahaca, aceite, ajo y profundidad, convirtiendo el relleno en una combinación mucho más completa. El toque final es el pistacho tostado. No es solo decoración: da textura, refuerza el sabor de la mortadela y hace que cada bocado tenga una parte crujiente.
Así pues, esta receta del chef Marc funciona porque no complica la masa de pizza, sino que la convierte en el mejor soporte posible para un bocadillo. Con pocos ingredientes, pero muy bien elegidos, el resultado es intenso, cremoso, aromático y con esa sensación de comer algo sencillo pero realmente especial.
