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Recalentar una tortilla de patatas parece fácil, pero hacerlo mal puede convertir una tortilla jugosa en una masa seca y gomosa en cuestión de minutos. El microondas es rápido, pero acostumbra a calentar de manera desigual y puede resecar especialmente los bordes. Hay una alternativa mucho más efectiva para recuperar la textura, como lo es volverla a la sartén, a fuego muy bajo y tapada. De esta manera, el calor entra de manera progresiva y la humedad queda atrapada en el interior, cosa que ayuda a mantener el huevo tierno y la patata melosa.

El microondas no es la única opción para recuperar una tortilla

La sartén y la tapa son la mejor combinación

Lo primero que hay que hacer es sacar la tortilla de la nevera unos minutos antes, siempre que sea posible, para que no pase directamente de una temperatura muy fría a una fuente de calor intensa. Después, pon una sartén antiadherente a fuego bajo con unas gotas de aceite de oliva. No hace falta freírla de nuevo: solo queremos evitar que se pegue y recuperar ligeramente la textura exterior.

Tortilla de patatas. Foto: Pexels

Coloca la tortilla entera o el trozo que quieras calentar y tapa inmediatamente la sartén. La tapa es la parte más importante del truco. Permite conservar el vapor que desprende la misma tortilla y crea un ambiente de calor suave que calienta también la parte superior sin necesidad de subir el fuego.

Si la tortilla está especialmente seca, puedes añadir una cucharadita de agua al lado de la sartén, sin tirarla directamente por encima. Al evaporarse, generará un poco más de humedad. Con muy poca cantidad es suficiente: el objetivo no es mojar la tortilla, sino crear vapor. Déjala aproximadamente dos o tres minutos, gírala con cuidado y repite el proceso por el otro lado. El tiempo dependerá del grosor y de la cantidad que estés calentando.

El fuego fuerte es el principal enemigo de una tortilla recalentada

Cuando queremos comer rápido, es habitual subir el fuego pensando que así la tortilla estará caliente antes. El problema es que el exterior puede calentarse demasiado mientras el centro continúa frío. Además, una temperatura elevada hace que el huevo pierda agua más rápidamente y adquiera aquella textura seca y compacta que queremos evitar. Con fuego bajo, en cambio, la temperatura aumenta de forma gradual. Esto permite que el calor llegue hasta el centro sin castigar tanto las capas exteriores. Si la tortilla estaba bien jugosa cuando se preparó, este sistema ayuda a conservar buena parte de esta textura.

También conviene evitar recalentarla repetidamente. Es mejor calentar solo la porción que vayamos a comer y mantener el resto refrigerada hasta el momento de consumirla. El resultado no será exactamente idéntico al de una tortilla recién salida de la sartén, pero se puede acercar mucho. Fuego bajo, unas gotas de aceite, tapa y paciencia: cuatro detalles sencillos que permiten recuperar una tortilla tierna, caliente por dentro y mucho más agradable que si simplemente la ponemos unos minutos en el microondas.