En uno de los vídeos que ha compartido en redes sociales, el chef Jordi Cruz ha querido desmontar una de las creencias más extendidas entre los amantes de la carne: que una hamburguesa puede cocinarse igual que un filete. El cocinero catalán advierte que esta idea es errónea y que puede tener implicaciones importantes para la seguridad alimentaria. Según explica, muchas personas piden o preparan hamburguesas poco hechas pensando que es lo mismo que un solomillo rosado, cuando en realidad el comportamiento microbiológico de ambos productos es completamente distinto. La diferencia está en cómo se manipula la carne antes de cocinarla, un detalle que cambia por completo el riesgo sanitario.

Jordi Cruz nos da las claves de las hamburguesas

Para entenderlo, Cruz parte de un ejemplo muy sencillo: un filete entero, como un solomillo o un entrecot. En este tipo de piezas la carne conserva intacta su estructura muscular. Eso significa que, de forma natural, las posibles bacterias se concentran únicamente en la superficie exterior. El interior del músculo, en condiciones normales, es prácticamente estéril. Por eso, cuando ese filete se coloca sobre una plancha o parrilla muy caliente, el calor elimina rápidamente los microorganismos que puedan encontrarse en la parte externa. En ese escenario, explica el chef, el interior puede quedar rosado sin que suponga un riesgo importante, siempre que la carne sea de buena calidad y se haya manipulado correctamente.

Hamburguesa Jordi Cruz / Foto: Unsplash
Hamburguesa Jordi Cruz / Foto: Unsplash

El problema aparece cuando esa misma carne se transforma en una hamburguesa. En el vídeo, Cruz explica que al picar la carne se rompe completamente la estructura del músculo, lo que provoca que cualquier bacteria presente en la superficie se mezcle con el resto del producto. Es decir, lo que antes estaba solo en el exterior queda distribuido por todo el interior de la hamburguesa. Cada fibra de carne puede contener microorganismos, algo que cambia totalmente la forma en que debe cocinarse.

 

@jordicruzof

🔬 La razón científica por la que una hamburguesa NO es un filete Cuando trabajamos con un filete entero, como un solomillo, las bacterias potenciales están limitadas a la superficie. La estructura muscular interna es estéril por naturaleza. En cuanto la superficie toca la plancha a alta temperatura, se produce una desnaturalización instantánea de proteínas y una reducción drástica de microorganismos. Por eso el interior puede quedar rosado sin comprometer la seguridad alimentaria. Pero en una hamburguesa, el escenario cambia por completo. Al picar la carne, rompemos la estructura muscular y redistribuimos cualquier bacteria presente por todo el volumen del producto. Lo que antes estaba solo fuera, ahora está dentro, mezclado con cada fibra. Y aquí viene el dato que casi nadie conoce pero es clave: 👉 El interior de una hamburguesa debe superar los 70 °C. Esa es la temperatura a la que se garantiza la inactivación térmica de patógenos como E. coli o Salmonella cuando están dispersos en el interior. No es una recomendación “por si acaso”: es ciencia pura. Si quieres una hamburguesa jugosa, perfecta y segura, el secreto no está en dejarla cruda, sino en controlar la temperatura interna con precisión.

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Ahí es donde entra en juego uno de los datos clave que el chef subraya en su explicación: la temperatura interna de la hamburguesa. Según comenta, para garantizar la seguridad alimentaria el interior del producto debe alcanzar al menos los 70°C. A esa temperatura se produce la inactivación térmica de patógenos potencialmente peligrosos, como ciertas cepas de E. coli o bacterias del género Salmonella. No se trata de una recomendación exagerada ni de una simple precaución doméstica, insiste el cocinero, sino de un principio científico ampliamente estudiado en seguridad alimentaria.

El secreto para conseguir un buen resultado está en controlar correctamente la temperatura y el tiempo de cocción

Esto no significa, según Cruz, que una hamburguesa tenga que ser seca o poco apetecible. El secreto para conseguir un buen resultado está en controlar correctamente la temperatura y el tiempo de cocción, de manera que el interior alcance el punto seguro sin perder jugosidad. Utilizar carne de calidad, no aplastar la hamburguesa durante la cocción y manejar bien el fuego son algunos de los factores que ayudan a conseguirlo.