La paella es uno de esos platos que parecen intocables. Tradición, producto y técnica forman un conjunto casi sagrado en la cocina española. Sin embargo, incluso en recetas tan icónicas, hay espacio para la reinterpretación. Y eso es precisamente lo que han hecho los hermanos Torres con una propuesta que está dando mucho que hablar.
Una paella, pero con alma tailandesa. Y lo más sorprendente es que mantiene el socarrat y esa parte tan propia de nuestra paella de toda la vida.
Una fusión inesperada que funciona muy bien
En este sentido, la clave de esta receta está en mezclar dos mundos sin perder la esencia. De modo que la base sigue siendo la de una paella clásica con arroz, sofrito y cocción en paellera. Pero a partir de ahí, entran en juego ingredientes y matices propios de la cocina tailandesa. El proceso arranca con el pollo, cortado en dados, salpimentado y rehogado con aceite de oliva. A continuación, se construye el sofrito con cebolla, ajo y jengibre, incorporando también aceite de cacahuete para aportar ese toque asiático tan característico. Ahí empieza el cambio.
Se añaden edamames, aceitunas negras y el arroz, que se nacara antes de incorporar el caldo caliente. La cocción se mantiene en los tiempos habituales, unos 15 o 16 minutos, y se introduce la cúrcuma como especia protagonista. El resultado es una base reconocible, pero con un perfil aromático completamente distinto.
El socarrat sigue siendo protagonista
A partir de ahí, la receta evoluciona con más matices exóticos. Se incorporan verduras cortadas en juliana fina como zanahoria, calabacín y cebolla tierna, junto con langostinos pelados, que aportan frescura y textura al conjunto. Pero hay algo que no cambia. El socarrat. Eso no puede faltar en ninguna paella, tampoco en la tailandesa.
El socarrat es ese elemento que no puede faltar en un buen arroz
Ese fondo tostado que define una buena paella se mantiene intacto, porque la técnica no se toca. De este modo, aunque los ingredientes viajen a Tailandia, la ejecución sigue siendo puramente mediterránea. El toque final llega con ralladura de limón, un poco más de cebolla tierna y un chorro de aceite de cacahuete, que redondea el plato antes del reposo.
Así pues, esta paella thai demuestra que la tradición no está reñida con la innovación. Porque cuando se respeta la base y se entiende la técnica, se puede reinterpretar un clásico sin perder su esencia. Y en este caso, el resultado no solo sorprende, sino que funciona.
