En el año 2100, la forma en que se cultiven frutas y hortalizas en España será radicalmente distinta a la actual, impulsada por la necesidad de adaptarse al cambio climático, al crecimiento de la población y a la escasez de recursos naturales. La agricultura tradicional ya no podrá sostener por sí sola la demanda alimentaria, por lo que la tecnología y la sostenibilidad serán los pilares del nuevo modelo productivo. La dieta mediterránea seguirá presente, pero dependerá cada vez más de sistemas urbanos de alta eficiencia.
Frutas y hortalizas más sostenibles en el año 2100
Uno de los grandes protagonistas será la agricultura vertical instalada en entornos urbanos, donde edificios específicamente diseñados funcionarán como granjas de varias plantas. En estos espacios, las frutas y hortalizas crecerán en ambientes controlados, con iluminación LED y sistemas automatizados que optimizan temperatura, humedad y nutrientes. Gracias a los cultivos hidropónicos y aeropónicos, el consumo de agua podrá reducirse hasta en un 95% en comparación con la agricultura convencional, al reutilizarse continuamente el recurso sin pérdidas por evaporación o filtraciones.

La reducción del uso de fertilizantes químicos será otro de los avances decisivos, ya que estos sistemas permiten administrar nutrientes de forma precisa y controlada. Al eliminar el suelo como soporte tradicional, también se minimiza la erosión y la contaminación de acuíferos. Además, la automatización mediante inteligencia artificial permitirá ajustar cada variable en tiempo real, garantizando cosechas estables, locales y libres de grandes impactos ambientales.
Este cambio responde a una preocupación global por la seguridad alimentaria y la pérdida de biodiversidad, advertida por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Según sus estudios, la biodiversidad que sustenta los sistemas alimentarios está disminuyendo de forma alarmante, poniendo en riesgo el futuro del suministro de alimentos. Ante este escenario, la innovación tecnológica no será una opción, sino una necesidad estratégica.

Cultivar dentro del entorno urbano reducirá emisiones derivadas del transporte
Los hábitos de consumo también evolucionarán en paralelo a esta revolución agrícola, especialmente entre las generaciones más jóvenes, cada vez más comprometidas con el medio ambiente. La compra a granel para reducir desperdicios, la preferencia por productos ecológicos y la exigencia de trazabilidad serán prácticas habituales. La combinación entre foodtech y agricultura ecológica permitirá integrar tradición y modernidad en un mismo modelo alimentario.
En este contexto, las ciudades dejarán de ser meros centros de consumo para convertirse en espacios productivos, acortando la distancia entre el campo y la mesa. Cultivar dentro del entorno urbano reducirá emisiones derivadas del transporte, garantizará mayor frescura y permitirá un control exhaustivo de la calidad. La producción será más eficiente, más limpia y más adaptada a las necesidades reales de la población.