Estos dulces catalanes solo se comen en Catalunya y se pueden hacer en casa para acompañar todos los postres

Los carquinyolis son uno de los dulces más tradicionales de la pastelería catalana y destacan por una textura crujiente que los hace completamente diferentes de una galleta convencional. Elaborados principalmente con harina, azúcar, huevo y almendras enteras, se pueden preparar fácilmente en casa y conservar durante días dentro de un recipiente hermético. Son ideales para servir con el café, acompañar una crema catalana, completar un postre o simplemente tenerlos preparados para cuando aparece el deseo de comer algo dulce. Su secreto no se encuentra en una masa complicada, sino en una doble cocción que elimina la humedad y consigue ese crujiente tan característico.

Tener carquinyolis hechos en casa siempre es una buena idea

Una masa sencilla con almendras enteras

Para prepararlos necesitarás 150 gramos de harina de trigo, 100 gramos de azúcar, 100 gramos de almendras crudas, un huevo, ralladura de limón, una cucharadita de canela y media cucharadita de levadura química. Las almendras se pueden incorporar con piel, ya que aportan más color, textura y ese aspecto rústico propio de los carquinyolis tradicionales. No es necesario tostarlas antes porque ya se cocinarán en el horno durante las dos fases de la receta.

Comienza batiendo ligeramente el huevo con el azúcar hasta que ambos ingredientes queden bien integrados. No es necesario montar la mezcla ni conseguir una crema especialmente aireada. Añade la ralladura de limón y la canela, que aportarán un aroma fresco y especiado. Incorpora después la harina tamizada junto con la levadura química y mézclalo hasta formar una masa compacta.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

En este punto, añade las almendras enteras y distribúyelas bien. La masa puede resultar un poco pegajosa, pero no conviene añadirle mucha más harina, porque los carquinyolis podrían quedar excesivamente duros. Con las manos ligeramente húmedas, forma una barra alargada y no muy gruesa sobre una bandeja cubierta con papel de horno. Hay que tener en cuenta que la masa crecerá un poco durante la cocción.

La doble cocción crea el crujiente perfecto

Calienta el horno a 180 grados y cuece la barra durante unos 20 minutos, hasta que la superficie empiece a quedar dorada y la masa tenga suficiente consistencia para cortarla. Retírala del horno y déjala reposar solo unos minutos. No debe enfriarse completamente, porque entonces podría romperse al intentar cortarla. Con un cuchillo de sierra, corta la barra en piezas diagonales de un centímetro aproximadamente. Coloca cada carquinyoli de lado sobre la bandeja y vuélvelos al horno durante dos minutos. Gíralos y déjalos cocer dos minutos más por la otra cara. Esta segunda cocción es la que seca el interior y transforma la masa en un dulce firme, seco y crujiente.

Cuando salgan del horno, déjalos enfriar completamente antes de guardarlos. Los carquinyolis combinan especialmente bien con café, chocolate caliente, vino dulce o ratafía. También se pueden servir junto a un helado, una crema o un postre de fruta. Así pues, con muy pocos ingredientes y una preparación fácil, puedes recuperar en casa uno de los dulces más emblemáticos de Catalunya.