Cargando...

Cuando hace calor, encender el horno o pasar mucho rato delante de los fogones no suele apetecer. Esta sopa fría de pan, tomate y verduras recupera una manera tradicional de aprovechar ingredientes sencillos y convertirlos en una comida refrescante, económica y llena de sabor. La receta recuerda el gesto catalán de untar el pan con tomate, pero lo transforma en una crema ligera que se puede preparar con antelación. Solo se necesitan tomates maduros, pan del día anterior, pimiento, pepino, cebolla, aceite de oliva, vinagre, sal y un poco de agua fría.

Estamos hablando de un plato muy agradable para las noches más cálidas del año

El pan del día anterior da cuerpo sin necesidad de añadir nata

Para preparar cuatro raciones se necesitan aproximadamente seis tomates bien maduros, una rebanada gruesa de pan de payés del día anterior, medio pimiento verde, medio pepino, un trozo pequeño de cebolla tierna, cuatro cucharadas de aceite de oliva virgen extra, una cucharada de vinagre, sal y unos 150 mililitros de agua fría. Las cantidades se pueden adaptar fácilmente según la textura deseada y la dulzura de los tomates.

Un pan. Foto: Unsplash

Primero se debe poner el pan en un bol con un poco de agua para que se ablande. No es necesario dejarlo completamente empapado, solo lo suficientemente tierno para que se pueda triturar. Mientras tanto, se lavan los tomates, se cortan en trozos y se colocan en el vaso de la batidora. Si tienen la piel muy gruesa, se pueden escaldar durante unos segundos y pelar, aunque no es imprescindible si después se cuela la sopa.

Se añaden el pimiento verde sin semillas, el pepino pelado parcialmente y la cebolla. Es mejor empezar con poca cebolla, porque en crudo puede dominar fácilmente toda la preparación. También se incorpora el pan escurrido, un poco de sal, el vinagre y la mitad del agua. Acto seguido, se tritura hasta obtener una crema homogénea y sin trozos visibles.

El aceite se debe incorporar al final para que la sopa quede más sedosa

Cuando las verduras ya estén completamente trituradas, se añade el aceite de oliva poco a poco mientras la batidora continúa funcionando. Este paso ayuda a emulsionar la sopa y le da una textura más fina, brillante y agradable. Después se puede ajustar la densidad incorporando el resto del agua fría, siempre gradualmente, para que no quede excesivamente líquida.

La sopa se puede pasar por un colador fino si se busca un acabado más delicado, pero también se puede dejar tal como está para conservar toda la fibra. Antes de servirla, conviene guardarla en la nevera durante al menos dos horas. El reposo permite que el pan absorba los sabores, que las verduras se integren y que la acidez del vinagre quede más equilibrada.

La realidad es que esta receta no necesita mucho más. Se puede acabar con dados de pepino, tomate picado, picatostes de pan o unas gotas de aceite de oliva. También admite huevo duro, anchoas o trocitos de queso si se quiere convertir en una cena más completa. Con ingredientes cotidianos y sin complicaciones, se consigue una sopa fría refrescante, nutritiva y perfecta para aprovechar el pan que ya empieza a endurecerse.