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Ir a buscar setas es una de las tradiciones más arraigadas del otoño en Catalunya, pero también es una actividad que exige mucha prudencia. Uno de los errores más peligrosos no siempre se produce cuando se identifica mal un ejemplar en el bosque, sino cuando se decide guardar una seta dudosa junto con todas las que ya consideramos comestibles. Durante el trayecto, los ejemplares se pueden romper, mezclar o perder algunas de las características que permitían distinguirlos. Por eso, ante el típico "este me lo miro después", la mejor decisión es no mezclar nunca una seta dudosa con las que pensamos comer.

Mezclar setas suele acabar de muy mala manera

Las setas dudosas no deberían compartir cesta

Cuando estamos aprendiendo micología, es normal encontrar ejemplares que nos generan dudas. El problema aparece cuando estas setas acaban en el mismo espacio que níscalos, boletos u otras especies que sabemos identificar bien. Una vez en casa, pueden haber perdido fragmentos de sombrero, láminas, restos del pie u otros detalles importantes. La recomendación más segura es muy clara: si no sabes identificar una seta con certeza, no la consumas. Canal Salut recuerda que Catalunya tiene especies tóxicas que se pueden confundir con otras comestibles y que algunas intoxicaciones pueden llegar a ser muy graves.

Setas. Pexels

Si aun así quieres conservar un ejemplar para consultarlo con una persona experta, conviene mantenerlo completamente separado. Puedes utilizar un pequeño compartimento independiente, una caja o una bolsa de papel diferenciada. Así evitas que se rompa encima de las setas destinadas a la cocina y conservas mejor los elementos que pueden facilitar su identificación.

También es importante no basarse en trucos populares. Que una seta cambie de color, que la haya comido un caracol o que no ennegrezca un ajo no sirve para demostrar que sea segura. No existe una prueba casera fiable que sustituya una identificación correcta.

Una cesta aireada también forma parte de la seguridad

La manera de transportarlos es igualmente importante. Las autoridades sanitarias recomiendan usar un cesto rígido y aireado, en lugar de bolsas de plástico cerradas. Esto ayuda a evitar que las setas queden aplastadas y reduce la humedad acumulada y la fermentación. Cuando llegues a casa, vuelve a revisar toda la cosecha. Rechaza los ejemplares florecidos, muy rotos, empapados de agua o que hayan empezado a descomponerse. Las setas también se alteran rápidamente, por eso conviene conservarlas en la nevera y consumirlas lo antes posible.

Si después de comerlas aparecen dolor abdominal intenso, vómitos, diarrea, sudor frío, vértigo u otros síntomas, hay que buscar asistencia sanitaria inmediatamente y, si es posible, conservar restos de las setas consumidas para que puedan ser identificadas. La regla final es mucho más sencilla que cualquier truco: seta que no puedes identificar con total seguridad, seta que no va al plato. Separar los ejemplares dudosos desde el mismo bosque evita confusiones después y puede marcar una diferencia mucho más importante de lo que parece.