El Maresme no solo destaca por su paisaje y su proximidad al mar, sino también por una tradición pastelera que ha dejado huella en toda Catalunya. Entre sus joyas más reconocidas se encuentra la coca de Llavaneres, una elaboración que se ha convertido en imprescindible en muchas celebraciones familiares y que tiene un origen muy concreto en uno de los municipios de la comarca del Maresme. Esta coca nace en Sant Andreu de Llavaneres a mediados del siglo XX, concretamente en el año 1955, de la mano del pastelero Gaspar Sala. Desde entonces, se ha consolidado como una de las recetas más emblemáticas, especialmente durante la verbena de Sant Joan, donde comparte protagonismo con otras cocas tradicionales.

Una coca que, en menos de cien años ya se ha consolidado como una de las más habituales en las pastelerías de Catalunya

Una coca con capas y texturas inconfundibles

Lo que hace única la coca de Llavaneres es su combinación de texturas y sabores tan única. La base está formada por dos láminas finas de hojaldre, preferiblemente de mantequilla, que aportan un punto crujiente y ligero a cada mordisco. En su interior encontramos una crema pastelera generosa, elaborada con leche, yemas de huevo, azúcar y espesada con harina de maíz. Esta crema se aromatiza con canela y limón, aportando un sabor profundo y muy característico muy propio de este postre.

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La cobertura es el tercer elemento clave. Se añade una capa de merengue hecho con claras montadas, que da ligereza y un toque dulce. Encima, se reparten piñones, y en algunos casos almendra laminada, junto con una buena cantidad de azúcar en polvo. El resultado es una coca equilibrada, con una base crujiente, un interior cremoso y una parte superior ligera y ligeramente tostada que ha enamorado a toda Catalunya.

¿Cómo se prepara esta coca tradicional?

La preparación comienza con la crema pastelera. Se pone a calentar la leche con azúcar, canela y piel de limón. Aparte, se mezclan las yemas con la harina de maíz, y todo se integra hasta conseguir una textura espesa y suave. Una vez hecha la crema, se deja enfriar mientras se prepara la base. Se coloca una lámina de hojaldre en una bandeja y se extiende la crema, dejando un poco de espacio en los márgenes para poder sellarla. Después se cubre con la segunda lámina de hojaldre, cerrando bien los bordes. Encima, se añade el merengue, que se reparte de manera uniforme.

Finalmente, se colocan los piñones y el azúcar antes de llevarla al horno. La cocción se hace entre 190 y 200 grados durante unos 25 o 30 minutos, hasta que la superficie queda dorada. Así pues, la coca de Llavaneres es mucho más que un postre. Es una pieza clave de la tradición catalana, con una identidad propia que combina historia, técnica y sabor en cada bocado. Una coca que continúa siendo protagonista en las mesas del país.