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Con medio litro de leche, azúcar, fécula de maíz y café soluble puedes preparar cuatro vasitos de una crema suave, con una textura parecida a la de las natillas. Es una receta sencilla para aprovechar un rato en la cocina y dejar resueltos los postres de la comida o de la cena. La preparación ocupa unos quince minutos, pero después necesita al menos dos horas de nevera para enfriarse y coger consistencia. Por lo tanto, la puedes hacer mientras preparas el café, aunque tendrás que reservarla para más tarde.

Este postre con café es ideal para hacer después de una comida

Cuatro ingredientes y una cazuela pequeña

Para preparar cuatro raciones necesitas 500 mililitros de leche entera, 80 gramos de azúcar, 20 gramos de fécula de maíz y dos cucharaditas de café soluble. La leche aporta la base cremosa, mientras que la fécula se encarga de espesarla sin necesidad de añadir huevos ni nata. El resultado es un dulce de cuchara con sabor a café, fácil de repartir en recipientes individuales y de guardar hasta el momento de servir.

Imagen de archivo de café

Empieza separando 100 mililitros de la leche y mézclalos con la fécula en un bol. Es importante que esta leche esté fría para que el almidón se disperse bien y no forme grumos. Remueve con una cuchara o unas varillas pequeñas hasta que la mezcla sea uniforme. Mientras tanto, pon el resto de la leche en un cazo con el azúcar y el café soluble, y caliéntalo a fuego medio.

Cuando el azúcar y el café se hayan disuelto y la leche esté caliente, incorpora la mezcla de fécula, removiendo constantemente. Baja un poco el fuego y continúa trabajando la crema con las varillas, pasando también por el fondo y los bordes del cazo. A medida que se caliente, irá ganando cuerpo. Evita aumentar demasiado la intensidad del fuego para acabar antes: la paciencia en este punto ayuda a conseguir una textura homogénea.

El descanso que acaba de dar cuerpo a la crema

Retira el cazo cuando la preparación haya espesado y tenga un aspecto liso. Todavía caliente debe poder repartirse con facilidad, porque durante el enfriamiento cogerá más consistencia. Viértela en cuatro vasitos o boles pequeños y deja que pierda el calor antes de ponerla en la nevera. Elegir recipientes individuales facilita tanto el enfriamiento como el servicio: cuando lleguen los postres, solo habrá que sacarlos y llevarlos a la mesa.

El reposo mínimo es de dos horas, de modo que también es una buena receta para hacer por la mañana o la víspera. La versión con café soluble permite dar sabor sin añadir más líquido a la fórmula. Si prefieres utilizar café recién hecho, hay que ajustar la cantidad de leche para mantener la proporción con la fécula y evitar que la crema quede excesivamente líquida.

A la hora de servir, puedes dejar los vasitos tal como son o acabarlos con un poco de cacao en polvo, que es completamente opcional. Así conservas una receta de solo cuatro ingredientes, con una elaboración corta y sin tener que encender el horno. El trabajo queda hecho con antelación y la nevera completa la textura: un recurso práctico para tener un postre casero esperando.