Cargando...

Durante muchos años hemos asociado el congelador con una especie de pausa absoluta, ya que pensamos que, una vez un alimento está a baja temperatura, prácticamente deja de pasar nada y se mantiene casi para siempre. Pero esta idea no es del todo correcta cuando hablamos de los envases. La doctora Nadia Chahri, médica digestiva, recomienda reducir el contacto prolongado del pescado con determinados plásticos y optar, siempre que sea posible, por recipientes de vidrio. Su advertencia encaja con un estudio reciente del IDAEA-CSIC que ha comprobado que algunos aditivos presentes en envases alimentarios pueden afectar al pescado incluso cuando se guarda en la nevera o en el congelador.

Los plásticos generan ciertos efectos sobre el pescado que acabamos comiendo

El congelador no impide completamente la migración

La investigación analizó salmón, atún y merluza almacenados en condiciones similares a las de una cocina doméstica. Los científicos estudiaron diferentes tipos de envases y cuatro familias de compuestos, entre los que había ftalatos, bisfenoles y otros plastificantes. Los resultados mostraron que algunos de estos componentes podían pasar del envase al pescado tanto en refrigeración como durante la congelación.

Esto no significa que cualquier trozo de pescado guardado en plástico sea peligroso ni, aún menos, que tengamos que dejar de consumirlo. El pescado sigue siendo un alimento nutricionalmente interesante y una fuente de proteínas, vitaminas y, en muchas especies, ácidos grasos omega-3. La idea es otra: si podemos reducir una exposición innecesaria cambiando un hábito muy sencillo, tiene sentido hacerlo.

Uno de los factores que más influyen en esta migración es el tiempo de contacto. También intervienen el tipo de envase y las características del propio pescado. Los compuestos más afines a las grasas, por ejemplo, pueden comportarse de manera diferente en un pescado graso como el salmón que en uno más magro. El estudio también observó que el bisfenol A era el compuesto que concentraba la mayor parte del riesgo estimado en varios escenarios analizados.

El vidrio es una alternativa muy fácil en casa

Aquí es donde entra el consejo práctico de Chahri. Si compramos pescado y sabemos que lo congelaremos durante días o semanas, podemos retirarlo del envase comercial y guardarlo en un recipiente de vidrio apto para el congelador. Hay que dejar un poco de espacio, cerrarlo correctamente y etiquetarlo con la fecha para controlar el tiempo de almacenamiento.

No se trata, por tanto, de tener miedo al plástico ni de eliminarlo completamente de la cocina. Se trata de reducir pequeñas exposiciones repetidas cuando tenemos alternativas sencillas. Es lo que se conoce como exposoma: la suma de factores ambientales a los que estamos expuestos a lo largo de los años. Cambiar una bolsa o una bandeja de plástico por un recipiente de cristal puede parecer un gesto pequeño, pero es precisamente este tipo de decisiones cotidianas las que resultan más fáciles de mantener.