Preparar unos postres caseros no obliga a encender el horno ni a utilizar una lista interminable de ingredientes. Con café, leche y maicena se puede elaborar un pastelito de textura cremosa, sabor intenso y preparación muy sencilla. La receta recuerda una mezcla entre un flan y una crema de café, pero con suficiente consistencia para desmoldarla y servirla en porciones individuales. Además, permite controlar la cantidad de azúcar, utilizar la leche que se prefiera y evitar masas cargadas de mantequilla o harina refinada.
Una alternativa sana y deliciosa que se puede comer todos los días
La maicena transforma tres ingredientes en un postre cremoso
Para preparar dos pastelitos pequeños se necesitan aproximadamente 250 mililitros de leche, 60 mililitros de café, dos cucharadas rasas de maicena y el edulcorante que se quiera. Se puede utilizar azúcar, miel, eritritol o no añadir nada cuando se prefiere un sabor a café más intenso. Lo más importante es que el café esté bien concentrado, porque al mezclarlo con la leche el sabor quedará más suave. Primero hay que poner la maicena en un bol y disolverla con una pequeña parte de la leche fría. No se debe añadir directamente a la cazuela caliente, porque se formarían grumos difíciles de eliminar. Cuando la mezcla sea completamente lisa, se puede incorporar el resto de la leche, el café y el endulzante escogido.
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♬ sonido original - Matty Sánchez
A continuación, se vierte la preparación en una cazuela y se cocina a fuego medio-bajo. Hay que removerla constantemente con unas varillas, sobre todo cuando empieza a coger temperatura. En pocos minutos, la maicena espesará la mezcla y la convertirá en una crema densa. El punto correcto llega cuando la preparación cubre la espátula y, al pasar el dedo, el surco se mantiene sin que la crema vuelva a unirse inmediatamente.
El reposo en la nevera es lo que le da forma de pastelito
Cuando la crema esté preparada, se debe verter en moldes pequeños ligeramente humedecidos o forrados con un poco de film. También se pueden utilizar tazas, vasos bajos o moldes de silicona. Después de dejarlos perder un poco de temperatura, se deben guardar en la nevera durante al menos tres horas, aunque el resultado será más firme si reposan toda la noche.
Una vez fríos, los pastelitos se pueden desmoldar pasando con cuidado un cuchillo fino por los bordes. Para terminarlos, basta con un poco de cacao puro, canela, café soluble o chocolate negro rallado. También se pueden añadir unas nueces picadas, avellanas tostadas o una cucharada de yogur cremoso.
La receta se puede adaptar fácilmente. Con leche vegetal se obtiene una versión sin lactosa, mientras que un poco de vainilla permite suavizar el amargor del café. También se puede aumentar ligeramente la cantidad de maicena cuando se busca una textura más compacta. El resultado es un pastelito fresco, económico y sin complicaciones, perfecto para aprovechar el café que ha sobrado o preparar un postre rápido con ingredientes que casi siempre hay en casa.