Los alimentos que mucha gente guarda en la nevera y realmente no necesitan estar ahí

Llegar de hacer la compra y guardarlo prácticamente todo en la nevera es un acto reflejo en muchas casas. Tenemos la falsa creencia de que el frío es la solución universal para alargar la vida de cualquier producto, pero la realidad es muy diferente. El exceso de frío, la humedad del frigorífico o la interrupción del proceso natural de maduración pueden arruinar la textura, el sabor y las propiedades nutricionales de muchos alimentos cotidianos. Solo hay que fijarse en cómo están expuestos en la frutería o en el supermercado para darnos cuenta de que estamos sometiendo ciertos ingredientes a un clima artificial que no les favorece en absoluto y que daña su calidad.

Muchos alimentos no necesitan mantenerse dentro del frío artificial de la nevera

Frutas y verduras que exigen temperatura ambiente

El tomate es quizás el ejemplo más claro de este error común. En la nevera, su proceso de maduración se ralentiza drásticamente, lo que provoca que pierda sus propiedades organolépticas, el gusto intenso y aquel aroma inconfundible de verano. Lo mejor es buscar un rincón de la cocina alejado de la luz directa y de la humedad. Lo mismo ocurre con el plátano, que bajo el efecto del frío ennegrece rápidamente su piel; aunque por dentro esté bien, visualmente parece pasado. Dejarlo sobre el mármol mantiene intacta su composición. Por otro lado, tanto el melón como la sandía enteros están perfectamente protegidos por su piel gruesa. Meterlos en la nevera puede hacer que el agua que contienen se congele en su interior. Solo hay que refrigerarlos una vez los abrimos, vigilando de no colocarlos en las zonas más frías del electrodoméstico.

Nevera unsplash
Nevera unsplash

En la zona de la huerta, los tubérculos y los bulbos tampoco quieren frío. La patata pide un lugar oscuro como la despensa, idealmente dentro de una malla o bolsa de papel para respirar. El frío altera su almidón y cambia radicalmente su sabor. Exactamente la misma norma se aplica a los ajos y a la cebolla: en la nevera pierden sus nutrientes y se estropean mucho más rápido por culpa del exceso de humedad.

La despensa ideal para quesos, dulces y embutidos

Más allá de los vegetales, hay productos básicos que sufren de lo lindo con las bajas temperaturas. El pan se reseca a una velocidad de vértigo en la nevera, adquiriendo una textura dura y desagradable. La solución maestra es guardarlo en una bolsa de tela para que no le pase el aire, o bien congelarlo a rebanadas. La miel, a su vez, es un conservante natural increíble que nunca pide frío; un bote bien cerrado en un armario seco es suficiente para evitar que cristalice.

En cuanto a los caprichos como la tableta de chocolate, los expertos en seguridad alimentaria avisan de que la humedad de la nevera acelera su deterioro y altera su sabor. Lo ideal es un espacio fresco y seco. Solo en pleno verano se puede refrigerar si no hay más remedio, siempre herméticamente aislada con papel film o dentro de un táper. Finalmente, el jamón serrano entero y el queso curado necesitan aire libre. Cuanta menos agua tiene un queso, mejor se conserva fuera, donde no se seca en exceso. Eso sí, una vez que empezamos la cuña o cortamos el jamón en rodajas finas, entonces sí que hay que protegerlos bien y darles asilo inmediato en la nevera.