¿Por qué beber agua cuesta tanto? Mientras hay personas que no pueden salir de casa sin su botella, a otras tomar más de un vaso les supone casi un esfuerzo. Y no es ninguna tontería, porque mantener una hidratación adecuada es esencial para regular la temperatura corporal, favorecer la digestión, transportar nutrientes y ayudar a que el organismo funcione correctamente. El problema es que el agua, aunque necesaria, no siempre resulta apetecible. Así, añadir frutas, hierbas aromáticas o especias puede convertirla en una opción mucho más atractiva. Las aguas infusionadas aportan aroma, color y un toque de sabor sin necesidad de recurrir a refrescos, zumos o grandes cantidades de azúcar. Es decir, que cumplen su función, son saludables y sabrosas.
Cómo preparar un agua infusionada
La elaboración no tiene demasiado misterio. No hay que ser un gran chef para lograr que quede rica, así que por ahí no hay excusas. Lava bien todos los ingredientes, corta las frutas y verduras en rodajas o trozos y colócalas en una jarra con agua. Las hierbas aromáticas pueden presionarse ligeramente con los dedos o con una cuchara para que desprendan mejor su aroma, pero sin triturarlas por completo. Déjala reposar en el frigorífico durante un mínimo de 30 minutos, aunque algunas mezclas ganan sabor después de dos o tres horas. Puedes añadir hielo en el momento de servirla y rellenar la jarra una vez más con agua, siempre que los ingredientes mantengan buen aspecto y sabor. Lo recomendable es consumirla durante el mismo día y conservarla siempre refrigerada. Y una vez dicho esto: vamos con varias opciones para elegir, no repetir y empezar a beber agua con un extra de sabor.
1. Pomelo y romero
El punto amargo y ligeramente ácido del pomelo combina muy bien con el aroma intenso del romero. Corta medio pomelo en rodajas finas, añade una pequeña ramita de romero y completa la jarra con agua fría. Conviene no excederse con la hierba aromática, ya que puede dominar la mezcla y aportar demasiado amargor. Una ramita pequeña es suficiente para conseguir una bebida fresca y con un sabor más adulto que el de otras combinaciones afrutadas.
2. Limón y jengibre
Esta es una de las mezclas más conocidas y también una de las más sencillas. Añade unas rodajas de limón y dos o tres láminas finas de jengibre fresco a una jarra de agua. El jengibre aporta un toque picante, por lo que es mejor empezar con poca cantidad y ajustar después. Además de refrescante, esta mezcla es ideal para personas con el estómago sensible, ayuda a combatir las náuseas del embarazo y puede ser un alivio en digestiones pesadas.

3. Sandía y menta
Dulce, suave y especialmente apetecible en verano. Servida con hielo, es una opción muy refrescante para los días de más calor. Corta unos dados pequeños de sandía, añade unas hojas de menta ligeramente presionadas y deja reposar la mezcla en frío. Es importante retirar las semillas y no aplastar demasiado la fruta para evitar que el agua quede turbia.
4. Lima y fresas
La acidez de la lima realza el dulzor natural de las fresas sin necesidad de añadir azúcar. Lava las fresas, retira las hojas y córtalas por la mitad antes de mezclarlas con unas rodajas finas de lima. Para que la bebida no quede demasiado ácida, basta con utilizar media lima por cada litro de agua. Con el punto exacto tendrás la sensación de estar tomándote un cóctel.
Aunque las frutas transmiten parte de su sabor al agua, la cantidad de nutrientes que pasa a la bebida suele ser limitada. Por eso, estas recetas no sustituyen al consumo de frutas y verduras enteras ni deben presentarse como bebidas desintoxicantes o quemagrasas
5. Pepino
No todas las aguas infusionadas necesitan mezclar varios ingredientes. El pepino, por sí solo, aporta un sabor limpio, suave y muy refrescante. Córtalo en rodajas finas, sin necesidad de pelarlo si está bien lavado, y déjalo reposar en agua fría. También puedes añadir unas hojas de menta, albahaca o un pequeño trozo de limón, pero su versión más sencilla funciona perfectamente. Es una buena elección para quienes no quieren que el agua tenga un sabor demasiado dulce o afrutado.
6. Naranja y arándanos
La naranja aporta aroma cítrico y un punto dulce, mientras que los arándanos añaden color y un sabor más delicado. Utiliza varias rodajas de naranja y un puñado pequeño de arándanos bien lavados. Puedes presionar ligeramente algunos frutos para que liberen mejor su jugo, aunque no conviene machacarlos todos. Esta mezcla necesita algo más de reposo que otras para que los arándanos transmitan su sabor al agua.

7. Manzana y canela
Esta combinación recuerda a los postres caseros, pero resulta ligera y no necesita azúcar. Corta media manzana en láminas finas y añade una rama de canela, evitando utilizar canela molida porque enturbiaría el agua. La mezcla puede tomarse fría, aunque también funciona templada durante los meses menos calurosos. Cuanto más repose, más intenso será el sabor de la canela, por lo que conviene retirarla cuando la bebida haya alcanzado el punto deseado.
8. Piña y menta
La piña aporta un sabor dulce y tropical que combina especialmente bien con el frescor de la menta. Corta dos o tres rodajas de piña natural en pequeños trozos y añade varias hojas de menta. Decora con unas hojitas y, si cierras los ojos, pensarás que estás en una playa paradisíaca.
Aunque las frutas transmiten parte de su sabor al agua, la cantidad de nutrientes que pasa a la bebida suele ser limitada. Por eso, estas recetas no sustituyen al consumo de frutas y verduras enteras ni deben presentarse como bebidas desintoxicantes o quemagrasas. Su verdadera ventaja y el objetivo de estas preparaciones es, sencillamente, lograr que el agua sea más apetecible y, así, aumentar su consumo.