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Escoger un buen melón sin abrirlo parece una cuestión de suerte, pero los agricultores saben que la fruta ofrece pistas mucho más fiables que el ruido que hace cuando la golpeamos. El truco principal consiste en observar y presionar suavemente la zona opuesta al tallo, conocida como el culo del melón. Si cede ligeramente bajo los dedos y desprende un aroma dulce, probablemente ha llegado al punto correcto de maduración. En cambio, si está completamente duro y no huele, todavía puede estar verde; si se hunde demasiado, puede haber empezado a pasarse.

Hay varios aspectos que hay que tener en cuenta a la hora de escoger el melón

La zona opuesta al tallo muestra el punto de maduración

Para comprobar el melón, hay que sujetarlo con las dos manos y presionar con suavidad el extremo opuesto al pedúnculo. No hay que clavar el dedo ni deformar la pieza. Solo hay que detectar si la piel ofrece una resistencia ligeramente elástica. Esta flexibilidad indica que la pulpa ha madurado y que la fruta ya ha desarrollado parte de sus azúcares y aromas.

Melón, fruta / Foto: Unsplash

El olor también es importante, especialmente en variedades aromáticas. Al acercar la nariz a esta zona, el melón maduro acostumbra a desprender un aroma dulce, fresco y vegetal. Si el olor es demasiado intenso, fermentado o recuerda al alcohol, es posible que la fruta esté excesivamente madura. En melones como el piel de sapo, sin embargo, el aroma exterior puede ser más discreto, de manera que conviene combinar esta prueba con otras señales.

El peso es otra pista útil. Entre dos melones de tamaño parecido, normalmente interesa elegir el que pese más, porque acostumbra a contener más agua y una pulpa más desarrollada. La pieza tiene que sentirse compacta y llena, no ligera ni vacía. Sin embargo, el peso por sí solo tampoco garantiza la dulzura, ya que depende de la variedad, el cultivo y el momento de recolección.

La piel tiene que ser uniforme, pero no necesariamente perfecta

Un buen melón tiene que presentar una piel firme, sin grietas profundas, golpes blandos, zonas húmedas ni manchas oscuras que indiquen deterioro. Las marcas superficiales producidas durante el cultivo no acostumbran a afectar la calidad interior. De hecho, una pieza completamente perfecta no siempre es la más sabrosa, porque el aspecto exterior depende de muchos factores que no tienen relación directa con la maduración.

En el melón piel de sapo, conviene buscar una tonalidad verde con matices amarillentos y una red de líneas bien definida. Una piel excesivamente verde y brillante puede indicar que se ha recolectado demasiado pronto. La zona del tallo también debe estar seca y cicatrizada. Si todavía conserva un tallo muy verde o húmedo, la fruta puede no haber completado correctamente el proceso de maduración. Golpear el melón e interpretar si suena hueco es una práctica tradicional, pero resulta poco precisa si no se tiene experiencia. El sonido varía según el tamaño, la variedad, el grosor de la piel y la cantidad de agua, de manera que puede conducir fácilmente a errores.

La realidad es que no existe una prueba infalible, pero presionar suavemente el extremo, comprobar el aroma, valorar el peso y observar la piel permite acertar mucho más. Un melón pesado, firme, ligeramente flexible y sin zonas blandas tiene muchas más posibilidades de llegar a la mesa dulce, jugoso y en su mejor momento.