Las lenguas evolucionan constantemente, pero en este proceso a menudo se pierden palabras y expresiones que durante generaciones han formado parte del lenguaje cotidiano. El catalán no es una excepción. Muchos dichos populares que antes se oían habitualmente en los hogares, en los mercados o en las calles han ido desapareciendo de las conversaciones diarias, especialmente entre las generaciones más jóvenes. Sin embargo, lingüistas y divulgadores coinciden en que recuperar estas expresiones es una manera de preservar la riqueza cultural y la identidad de la lengua.
Algunas expresiones catalanas que debemos recuperar
Una profesora de catalán ha compartido en redes un vídeo con las expresiones que todavía sobreviven. Destacan algunas como això rai, una fórmula para restar importancia a un problema o indicar que una situación tiene fácil solución. También es menos habitual oír ras i curt, equivalente a decir las cosas de forma directa y sin rodeos.
Otra expresión tradicional es de mira’m i no em toquis, que se utiliza para describir algo delicado, frágil o que parece destinado solo a ser observado. En la misma línea de los dichos populares encontramos avall que fa baixada, empleado cuando una acción resulta fácil o cuando alguien se deja llevar sin oponer resistencia.
El catalán, una lengua rica en expresiones
El catalán conserva también un amplio repertorio de frases hechas cargadas de humor y sabiduría popular. Bufar i fer ampolles sigue siendo una forma gráfica de referirse a una tarea muy sencilla. Mientras que n'hi ha per llogar-hi cadires expresa sorpresa ante una situación absurda o extraordinaria.
Otros dichos tienen un origen más antiguo, pero mantienen su vigencia. De Jordis, Joseps i ases n’hi ha a totes les cases recuerda que en todas partes hay personas de todo tipo. Por su parte, tal dia farà un any sirve para relativizar una situación o recordar que el tiempo pasa rápidamente.
Expresiones como baixar de l’hort o baixar de la figuera siguen describiendo a aquellas personas que no se enteran de lo que pasa a su alrededor. También se mantiene viva qui té padrins es bateja, una crítica irónica a las ventajas que pueden obtener algunas personas gracias a sus contactos o influencias. En el ámbito laboral y social, todavía es habitual oír tallar el bacallà para referirse a quien manda o toma las decisiones. En cambio, duros a quatre pessetes se utiliza cuando una oferta parece demasiado buena para ser cierta.
Hay para todos los gustos y situaciones
Hay otras expresiones que forman parte del patrimonio colectivo catalán desde hace décadas: s’ha acabat el bròquil, cuando una situación llega a su fin, o oli en un llum, para indicar que algo funciona perfectamente. Asimismo, destaca a cada bugada perdem un llençol, una reflexión sobre las pérdidas acumuladas con el paso del tiempo.
También merecen ser reivindicados dichos como tanta roba i tan poc sabó, que denuncia la falta de resultados a pesar de los esfuerzos, campi qui pugui, sinónimo de desorden y confusión, y bon vent i barca nova, una expresión contundente para despedir a alguien o dejar atrás una situación indeseada. Recuperar estas expresiones no es solo una cuestión de nostalgia. Es una forma de mantener vivo un legado lingüístico que explica la historia, el humor y la manera de entender el mundo de generaciones de catalanohablantes.
