Muchos padres se enfrentan a la misma pregunta: ¿qué hacer cuando un hijo obtiene notas excelentes sin aparente esfuerzo? Según el psicólogo Víctor Domínguez, la respuesta puede sorprender: “Si tu hijo saca 10 en matemáticas, ponle un profesor particular”. Esta afirmación no pretende castigar a los niños con más deberes, sino reconocer que cuando una asignatura “no da más de sí” dentro del currículo escolar habitual, es importante buscar estímulos adicionales para mantener y expandir su desarrollo cognitivo.
La idea subyacente es que una calificación perfecta no siempre implica que el niño esté siendo desafiado lo suficiente. En muchos colegios, especialmente en cursos tempranos o en aulas con muchos estudiantes, el ritmo de aprendizaje se ajusta a la mayoría. Un alumno que aprende rápido o que muestra habilidades más avanzadas puede encontrarse frenado por el ritmo general de la clase, lo que limita su crecimiento. Para evitar esto, Domínguez sugiere que padres y educadores no se conformen con las notas, sino que identifiquen el potencial y lo nutran con recursos adecuados.
Por qué potenciar fortalezas es clave
Tradicionalmente, cuando un niño obtiene malas notas, la respuesta familiar habitual es buscar apoyo —como clases de refuerzo— en esa materia. Sin embargo, como han señalado otros expertos en educación, centrar todos los esfuerzos en corregir una debilidad puede descuidar un talento excepcional que, con el estímulo adecuado, podría convertirse en una verdadera fortaleza profesional y personal más adelante en la vida.
Cuando un niño destaca en matemáticas, lenguas, música o cualquier área concreta, el entorno escolar puede no ofrecer suficiente profundidad o complejidad para mantener ese interés. Esto puede derivar en aburrimiento, falta de motivación o incluso subestimación de sus capacidades. En estos casos, clases particulares o tutorías especializadas no solo ayudan a profundizar el contenido, sino que también introducen al alumno en nuevas áreas de conocimiento o aplicaciones prácticas, como programación, resolución de problemas avanzados, participación en olimpiadas académicas o exploración de conceptos científicos más complejos.
El uso de un profesor particular en materias donde el niño ya destaca, como sugiere Domínguez, no busca elevar una nota que ya es excelente, sino ampliar el campo de aprendizaje, mantener la curiosidad viva y ofrecer desafíos acordes a su ritmo de desarrollo.
Cuando el colegio no basta: crecimiento intelectual continuo
Es importante entender que el sistema educativo tradicional está diseñado para garantizar mínimos educativos estándar, no para optimizar el crecimiento de cada individuo según sus talentos únicos. Un niño que aprende con facilidad y rapidez puede dominar el material presentado en clase sin necesidad de esfuerzo adicional, pero a la larga puede terminar estancado cognitivamente. Sin nuevas metas, desafíos, o enfoques más profundos, ese potencial puede quedarse ahí, sin desarrollarse plenamente.
Además, cuando un niño domina un área específica, también se desarrolla confianza y autoestima académica, lo que tiene un impacto positivo en su actitud hacia el aprendizaje en general. Esta seguridad puede trasladarse a otros ámbitos de la vida: resolución de problemas, pensamiento crítico, creatividad o incluso habilidades sociales, al sentirse competente y capaz de afrontar retos.
Por otro lado, enfocarse excesivamente en corregir lo que no gusta —como una nota baja en historia— puede resultar contraproducente si no está vinculado a un interés genuino del niño. Esto puede llevar a una educación de “memorización forzada”, en lugar de un aprendizaje motivado y significativo.
Equilibrio entre fortalecer talentos y atender necesidades
Potenciar un talento no implica abandonar por completo el resto, sino encontrar un equilibrio entre asegurar una formación básica sólida y permitir que el niño explore, experimente y crezca en áreas donde muestra una verdadera capacidad. En muchos casos, combinar la educación escolar con tutorías especializadas puede ser una fórmula eficaz para que el niño no solo mantenga buenas calificaciones, sino también desarrolle un pensamiento crítico, profundo y creativo.
En definitiva, como explica Víctor Domínguez, una nota perfecta en matemáticas es una señal, no un punto final. Aprovechar ese signo para estimular el aprendizaje y expandir el potencial del niño puede marcar una gran diferencia en su trayectoria educativa y personal.
