El café ha dejado de ser visto únicamente como una bebida estimulante para convertirse en objeto de análisis dentro del campo de la salud y la longevidad. Durante años, su consumo estuvo rodeado de dudas, especialmente por la presencia de cafeína y su posible impacto sobre el sistema cardiovascular. Sin embargo, la investigación científica más reciente ha ido modificando de forma progresiva esa percepción.

Hoy, múltiples estudios apuntan a que un consumo moderado puede encajar perfectamente en un estilo de vida saludable. Ya no se trata solo de si el café es bueno o malo, sino de entender cómo, cuánto y en qué contexto se consume. En ese cambio de enfoque es donde cobra relevancia la visión de algunos expertos en envejecimiento y hábitos de vida.

El café como aliado de la longevidad

Dan Buettner, uno de los divulgadores más conocidos en el ámbito de la longevidad, resume esta idea en una afirmación que ha generado un intenso debate: “Beber dos o tres tazas de café lo convierte en la bebida definitiva”. La frase refleja una tendencia creciente en la ciencia, que asocia el consumo moderado de café con ciertos beneficios potenciales para la salud.

Taza de café / Foto: Unsplash
Taza de café / Foto: Unsplash

Lejos de interpretarse como una recomendación universal sin matices, esta visión encaja dentro de un marco más amplio. Los expertos insisten en que el café no actúa como un elemento milagroso, sino como una pieza más dentro de un conjunto de hábitos que incluyen descanso adecuado, alimentación equilibrada y actividad física regular.

No solo importa cuánto, sino cuándo

Uno de los aspectos más relevantes en torno al café es el momento del día en que se consume, ya que su composición marca unas horas concretas de consumo. La cafeína tiene un efecto directo sobre el estado de alerta y puede alterar los ciclos de sueño si se ingiere en horarios tardíos. Este detalle resulta crucial porque la calidad del descanso está estrechamente vinculada al bienestar general y al riesgo de diversas patologías.

Por ello, muchos especialistas recomiendan concentrar el consumo en las primeras horas de la jornada. La lógica es sencilla, porque hay que aprovechar el efecto estimulante sin comprometer el sueño nocturno. En paralelo, para quienes presentan sensibilidad a la cafeína, el café descafeinado se presenta como una alternativa plenamente válida y cada vez más aceptada en el discurso científico.