Los buffets de comida china han dejado atrás la imagen de locales pequeños y comida básica para convertirse en auténticos negocios millonarios, especialmente en Barcelona. Así lo explica Lin, un chico de origen chino afincado en la ciudad condal, que detalla cómo este tipo de establecimientos han evolucionado hacia grandes espacios, con inversiones elevadas y una estructura empresarial muy definida. “Ya no son los buffets cutres de antes”, resume con claridad.
La realidad es que estos nuevos buffets ocupan locales de más de 600 metros cuadrados, con una decoración cuidada y llamativa, traída directamente desde China. “Solo en decoración se gasta muchísimo dinero, son materiales y elementos que vienen desde allí”, explica Lin. El objetivo es ofrecer una experiencia visual y gastronómica que justifique el precio y atraiga a un público amplio y constante.
Plantillas amplias y costes fijos muy elevados
Y es que el volumen del negocio exige una plantilla muy numerosa. Según Lin, en un solo turno trabajan habitualmente entre seis y siete camareros y alrededor de diez cocineros, una cifra que se multiplica si el local abre durante todo el día. Solo en nóminas, el gasto mensual se sitúa entre 40.000 y 50.000 euros, una de las partidas más importantes del presupuesto.
A esto hay que sumar el coste del local, que en zonas bien ubicadas de Barcelona ronda los 15.000 euros mensuales. Son locales grandes, bien situados, con mucha visibilidad, y eso se paga. El resto del presupuesto hasta alcanzar los 100.000 euros al mes se va principalmente en materia prima, con una oferta muy variada que incluye pescado, marisco, carnes y productos frescos a diario.
Lejos de lo que muchos podrían pensar, estos gastos no convierten el negocio en algo precario. Con esa inversión se gana dinero, asegura Lin, que insiste en que el volumen de clientes es clave. Los buffets funcionan con márgenes ajustados por cliente, pero compensan con una rotación constante y afluencia masiva durante los fines de semana y festivos.
Un modelo que sigue creciendo en Barcelona
La clave del éxito está en el equilibrio entre costes y volumen. Además, destaca que la comunidad china ha sabido adaptarse a los gustos locales, ofreciendo platos más elaborados y un entorno mucho más atractivo que el de hace años que estaba basado en producto de baja calidad, habitualmente frito o hecho sin mucha gracia.
De este modo, los buffets de comida china se han consolidado como uno de los negocios más rentables del sector de la restauración, desmontando prejuicios y mostrando que detrás hay grandes inversiones, gestión empresarial y beneficios reales. Así pues, Barcelona se ha convertido en uno de los epicentros de este nuevo modelo que, lejos de desaparecer, sigue creciendo.
