Las reflexiones de los grandes pensadores clásicos siguen encontrando eco en la vida cotidiana siglos después. No ocurre solo con cuestiones abstractas como la ética o la política, sino también con aspectos profundamente humanos, como las relaciones personales. En ese terreno, las palabras atribuidas a Sócrates conservan una vigencia sorprendente, especialmente si las llevamos a nuestro día a día.

Cuando el filósofo afirmaba sobre la amistad que “es como el dinero, antes de tenerlo hay que conocer su valor”, no se limitaba a una metáfora ingeniosa. La realidad es que esta frase encierra una advertencia que desafía la forma en que muchas personas entienden hoy los vínculos personales, marcados con frecuencia por la inmediatez y la superficialidad y el interés.

La amistad no como cantidad, sino como valor

La comparación con el dinero resulta especialmente reveladora. Nadie sensato desprecia el valor del dinero antes de poseerlo, ni lo administra sin comprender su importancia. Sin embargo, en el ámbito de la amistad, es habitual actuar de manera opuesta, ya que muchas veces se buscan relaciones, compañía o reconocimiento social sin detenerse a examinar qué significa realmente tener un amigo.

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La idea socrática apunta precisamente a esa contradicción. Antes de rodearse de amistades, conviene comprender qué implica ese lazo en términos de lealtad, confianza, reciprocidad y, sobre todo, responsabilidad emocional. La amistad, en este sentido, no se reduce a la presencia constante o al trato cordial, sino a un compromiso más profundo.

Un vínculo que exige criterio y conciencia

Entender el valor de la amistad también implica reconocer que no todas las relaciones cumplen ese estándar. Así como no todo ingreso económico tiene el mismo peso ni la misma estabilidad, no toda relación social merece el calificativo de amistad. La reflexión invita a ejercer un cierto criterio, a diferenciar entre conocidos, compañeros y verdaderos amigos.

En una época dominada por redes sociales, contactos digitales y vínculos fugaces, la frase de Sócrates cobra aún más fuerza. Valorar la amistad antes de tenerla significa no trivializarla, no confundir cercanía ocasional con vínculo sólido. Supone asumir que un amigo no es solo alguien con quien se comparte tiempo, sino alguien con quien se comparte confianza y apoyo mutuo.