La revalorización de las pensiones vuelve a situarse en el centro del debate en España. En 2026, las prestaciones contributivas experimentan un incremento del 2,7%, mientras que las pensiones mínimas y no contributivas registran subidas aún mayores, con aumentos que oscilan entre el 7% y el 11,4%. Sobre el papel, se trata de una mejora muy interesante para millones de jubilados. Sin embargo, la cifra anunciada no siempre coincide con lo que finalmente llega a la cuenta bancaria al final de cada mes.

El motivo es fiscal. La actualización anual de las retenciones del IRPF provoca que una parte del incremento bruto no se traduzca en una mejora neta equivalente. La subida existe, pero no todo el dinero permanece en manos del pensionista. Hacienda recalcula cada ejercicio los parámetros tributarios y ese ajuste puede reducir el impacto real de la revalorización.

La subida es bruta, el resultado final es neto

La forma de funcionar del sistema tributario explica buena parte de esta situación. Las pensiones están sujetas al IRPF al igual que los salarios, por lo que cualquier variación en los ingresos puede alterar el tipo de retención aplicado. Cuando una pensión aumenta, aunque sea de forma moderada, también puede hacerlo la carga fiscal asociada a ella, reduciendo ese incremento.

Un jubilado residente en el extranjero. Foto Simon Hurry Unsplash

Diversos análisis fiscales advierten de que este efecto no es marginal ni aislado. En determinados perfiles, el impuesto puede absorber un porcentaje significativo de la mejora. Los cálculos difundidos por especialistas en fiscalidad apuntan a que, en algunos casos, el IRPF puede llegar a neutralizar una parte considerable de la subida, reduciendo de forma visible la ganancia mensual efectiva.

Pensionistas con rentas bajas, los más sensibles al ajuste

Uno de los aspectos más llamativos es que los jubilados con pensiones modestas pueden experimentar un impacto proporcionalmente mayor que el resto. Pequeñas variaciones en los ingresos pueden provocar cambios importantes en los tramos de tributación. Este cambio fiscal genera que una subida aparentemente beneficiosa tenga un efecto menor en la realidad.

Esta situación forma parte del funcionamiento ordinario del sistema impositivo. Hacienda revisa cada año tramos, reducciones y retenciones, de modo que el importe final depende de la situación individual del contribuyente. Para muchos pensionistas, la consecuencia es que la mejora existe, pero resulta inferior a la esperada tras aplicar impuestos.

La clave reside en distinguir entre subida bruta y subida neta. Mientras la primera refleja la actualización oficial de la pensión, la segunda incorpora el efecto real del IRPF. Es en este ajuste donde miles de jubilados comprobarán que parte del incremento no se traduce íntegramente en mayor capacidad de gasto.