Muchas parejas creen que han perdido el deseo con el paso del tiempo. Cuando la relación deja atrás la etapa inicial, marcada por la novedad y la intensidad, algunas personas interpretan que algo no funciona como antes. Sin embargo, sexólogos y terapeutas de pareja explican que en muchos casos el problema no es la falta de deseo, sino un cambio en la forma en que este aparece.
La realidad es que el cerebro no responde igual cuando una relación se consolida. En las primeras fases, el deseo suele surgir de forma espontánea, impulsado por la novedad, la curiosidad y la emoción de lo desconocido. Pero cuando la convivencia y la rutina se instalan en la vida diaria, ese impulso automático puede volverse menos frecuente.
El deseo espontáneo no es el único que existe
Durante mucho tiempo se asumió que el deseo debía aparecer de forma natural y repentina. Si no ocurría así, muchas personas pensaban que la relación estaba atravesando un problema. Sin embargo, los especialistas señalan que esa idea responde a una visión incompleta de cómo funciona realmente la sexualidad.
Cada vez más terapeutas hablan de dos tipos de deseo. Por un lado está el deseo espontáneo, que aparece sin estímulos previos. Pero existe también el llamado deseo responsivo, que funciona de una forma diferente. En este segundo caso, el deseo no aparece antes del contacto, sino que surge a partir de él. Es decir, primero aparece la cercanía, la intimidad o las caricias, y a partir de ahí se activa la excitación y las ganas.
Un concepto que está cambiando la terapia de pareja
Este enfoque está transformando la manera en que los especialistas trabajan con parejas de larga duración. Comprender que el deseo puede activarse progresivamente ayuda a desmontar el mito de que si no aparece de forma inmediata significa que algo va mal. En muchas relaciones estables, el deseo funciona precisamente de esa manera: primero surge la conexión emocional o física y después se despierta la excitación. Cuando se entiende este proceso, desaparece parte de la presión que muchas personas sienten respecto a su vida íntima.
Para los terapeutas, reconocer la existencia del deseo responsivo permite replantear cómo se vive la intimidad en pareja. En lugar de esperar que las ganas aparezcan de forma automática, se pone el foco en crear momentos de cercanía y conexión que faciliten que el deseo se active de forma natural. Un cambio de perspectiva que, según los expertos, está ayudando a muchas parejas a comprender mejor su relación y a recuperar la complicidad con el paso del tiempo.
