Montar una empresa solía ser sinónimo de largas colas, montones de papeles y burocracia que podía durar semanas o incluso meses. Sin embargo, esto no es así en todos lados. Marc, un catalán que creó su empresa en Estonia, lo resume con una frase que sorprende a muchos: “Aquí los funcionarios me responden en cinco minutos”. Su experiencia refleja cómo la digitalización y la modernización administrativa pueden transformar por completo el proceso de emprender, haciendo que sea mucho más rápido, accesible y eficiente.

Crear una empresa en Estonia vs. España: agilidad y burocracia

Estonia ha desarrollado uno de los sistemas de administración pública más avanzados del mundo, en el que el 99 % de los servicios públicos están online y se pueden gestionar sin desplazarse físicamente a ninguna oficina. Esto incluye desde el registro de una empresa hasta la presentación de impuestos o la firma de contratos digitales, todo ello con una identidad digital segura que se obtiene a través del programa de e-Residency.

En Estonia, gracias a estas herramientas digitales, crear una empresa puede llevar minutos o unas pocas horas. Según los portales oficiales, un negocio puede registrarse prácticamente en el mismo día —incluso en menos de 15 minutos en casos excepcionales— y casi todo el trámite se hace sin papel ni notarios. Esta rapidez administrativa es posible gracias a que el Estado estonio ha digitalizado sus servicios de forma exhaustiva: presentaciones, firmas digitales y aprobaciones automáticas son la norma, no la excepción.

Además, con la e-Residency los emprendedores pueden gestionar la empresa desde cualquier lugar del mundo: firmar documentos, abrir cuentas bancarias electrónicas o presentar declaraciones fiscales sin vivir en Estonia. Esta flexibilidad es especialmente atractiva para nómadas digitales, startups tecnológicas o freelancers que quieren operar internacionalmente sin complicaciones.

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España, en el lado opuesto de países con más lentitud burocrática

En contraste, España sigue siendo un país con trámites más tradicionales y lentos. Aunque ha avanzado en digitalización, abrir una sociedad limitada o darse de alta como autónomo suele implicar visitas presenciales, trámites en distintas administraciones (Hacienda, Seguridad Social, registro mercantil) y tiempos de espera que pueden extenderse varias semanas o más. Esto no solo incrementa el coste económico del proceso, sino que también desincentiva la iniciativa emprendedora.

Otra diferencia clave radica en los requisitos y gastos iniciales. En Estonia, no se exige capital social mínimo ni director local, y los costes de apertura pueden ser bajos si se gestionan digitalmente. En España, aunque no hay capital social mínimo para una SL, el papeleo asociado, las tasas y las obligaciones contables y fiscales pueden resultar más engorrosos y costosos.

La experiencia de Marc ilustra cómo un modelo administrativo moderno puede cambiar la vida de un emprendedor. Poder recibir respuestas rápidas de funcionarios y resolver gestiones en minutos —en lugar de semanas— no solo ahorra tiempo, sino que permite concentrarse en lo realmente importante: hacer crecer el negocio.

En definitiva, mientras que en España la burocracia puede frenar a muchos emprendedores, Estonia ha apostado por una administración digital que facilita la creación y gestión empresarial, haciendo que cada vez más personas opten por establecer allí su negocio y gestionarlo desde cualquier rincón del mundo.