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Dormir más tiempo parece la solución lógica cuando una persona jubilada se levanta cansada, pero no siempre funciona. Pasar nueve o diez horas en la cama no garantiza un descanso reparador si el sueño está fragmentado, los horarios cambian continuamente o durante el día apenas hay actividad. En muchos casos, un hábito sencillo puede ser más útil que intentar acumular horas como lo es mantener una hora estable para levantarse cada mañana.

El organismo funciona mejor cuando dispone de referencias horarias regulares. Levantarse aproximadamente a la misma hora ayuda a ordenar el ritmo de sueño y vigilia y facilita que la somnolencia aparezca de forma más natural por la noche. En cambio, alargar mucho la mañana después de una mala noche puede desplazar el horario, reducir la necesidad de dormir al final del día y generar un círculo de sueño cada vez más irregular.

La hora de levantarse puede importar más 

Esto no significa que haya que dormir poco. Cada persona tiene unas necesidades diferentes y el descanso sigue siendo fundamental. El problema aparece cuando se intenta compensar continuamente el cansancio permaneciendo cada vez más tiempo en la cama. Más tiempo acostado puede convertirse simplemente en más horas despierto, dando vueltas o durmiendo de manera superficial.

jubilado archivo europa press

Una rutina más estable suele incluir también luz natural durante las primeras horas del día. Abrir persianas, salir a caminar o simplemente pasar un rato en una zona luminosa ayuda al organismo a identificar que ha comenzado la jornada. Si además se añade algo de actividad física, el contraste entre día activo y noche de descanso queda mucho mejor definido.

Las siestas también pueden estar detrás del problema

En la jubilación desaparecen muchas obligaciones horarias y es fácil modificar progresivamente las rutinas. Una siesta demasiado larga o realizada a última hora de la tarde puede reducir la presión de sueño nocturna. Si después cuesta dormirse, al día siguiente se permanece más tiempo en la cama y el ciclo vuelve a empezar. Por eso puede ser útil mantener las siestas cortas y evitar que sustituyan buena parte del sueño de la noche. También ayuda reservar la cama principalmente para dormir y establecer una rutina tranquila antes de acostarse.

Ahora bien, un cansancio persistente no debe atribuirse automáticamente a los horarios. Si una persona duerme suficientes horas y continúa agotada durante semanas, ronca intensamente, presenta pausas respiratorias, se queda dormida involuntariamente durante el día o nota un cambio importante respecto a su estado habitual, conviene consultarlo con un profesional sanitario. Dormir más no siempre es la respuesta: en muchas ocasiones, dormir con horarios más regulares puede marcar una diferencia mayor.