Carlos tomó una decisión que, según explica, le cambió la vida. Tras jubilarse, hizo las maletas y se instaló en Tailandia, un destino que cada vez atrae a más pensionistas. No fue una elección impulsiva ni turística. Buscaba tranquilidad, menor coste de vida y la sensación de que su pensión, en lugar de limitarle, podía ofrecerle una vida mucho más cómoda.
Lejos de España, su realidad diaria es mucho mejor de lo que hubiera imaginado. El nivel de gasto, especialmente en vivienda, alimentación y servicios, es muy inferior al de las grandes ciudades españolas. Esto permite que jubilados con pensiones medias puedan acceder a un estilo de vida que en su país de origen resultaría imposible de sostener. En su caso, la combinación entre clima, ritmo de vida y capacidad adquisitiva ha sido determinante.
Una pensión que rinde mucho más lejos de Europa
El principal factor que mencionan muchos jubilados desplazados al sudeste asiático es puramente económico. Con ingresos que en España apenas permiten cubrir gastos básicos, en Tailandia pueden alquilar vivienda, comer fuera con frecuencia y mantener actividades de ocio regularmente y sin miedo al gasto. La diferencia de precios transforma por completo la percepción de seguridad financiera.
No se trata únicamente de gastar menos. También influye la sensación de estabilidad. Sin la presión constante de facturas elevadas, impuestos crecientes o costes energéticos imprevisibles, muchos pensionistas describen que tienen una vida mucho más relajada. De esta forma, la jubilación deja de vivirse como una etapa de ajuste y pasa a entenderse como un periodo de disfrute real.
Calidad de vida y percepción de bienestar
Más allá del dinero, el cambio cultural y social juega un papel fundamental. Quienes optan por Tailandia suelen destacar el clima cálido durante todo el año, la vida en espacios abiertos y un ritmo cotidiano menos acelerado. Para muchos, la sensación de bienestar no depende solo de la renta disponible, sino de cómo se vive el día a día. En ese contexto surge la frase que resume la situación de Carlos: “Ni aunque me paguen volvería a vivir en España”. Y es que, como otros jubilados españoles residentes en Asia, considera que su pensión le ofrece allí una vida que en España sería impensable.
La decisión, en muchos casos, no responde a un rechazo frontal de España, sino a una valoración pragmática del coste de vivir en cada país. El fenómeno, cada vez más visible, refleja una realidad donde el mismo ingreso mensual puede generar estilos de vida completamente distintos según el país de residencia. Para Carlos, la ecuación ya está resuelta y su decisión, afirma su entorno, es irreversible.
