Antonio, agricultor con más de medio siglo de experiencia, lo resume con una frase que retrata la situación del campo español: “Llevo más de 50 años cultivando y nunca me había costado tanto vender mis cebollas”. No habla desde la queja puntual, sino desde la comparación directa con décadas enteras de trabajo en las que, con más o menos dificultad, siempre lograba sacar adelante su producción.

Hoy el escenario es radicalmente distinto. A pesar de mantener la misma calidad de siempre, Antonio se encuentra con que vender cebollas se ha convertido en una carrera de obstáculos. Los precios en origen se han desplomado y la entrada masiva de producto extranjero ha cambiado por completo las reglas del juego, dejando al agricultor local en una posición cada vez más débil.

El producto de fuera hunde los precios en origen

El principal problema, explica Antonio, es la competencia del producto importado. Cebollas que llegan de fuera de España, muchas veces producidas con costes laborales y normativas más laxas, inundan el mercado y presionan los precios a la baja. El resultado es demoledor: a los agricultores locales les ofrecen cifras que apenas cubren los gastos de producción. Un precio que no compensa ni el esfuerzo ni la inversión en semillas, agua, fertilizantes y mano de obra. A diferencia de otros años, Antonio no consigue vender toda su producción, algo que nunca le había ocurrido en cinco décadas dedicadas al campo.

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Con más de 50 años cultivando cebollas, Antonio ha vivido crisis, malas campañas y subidas de costes. Sin embargo, asegura que nunca había sentido una falta de control tan grande sobre su propio trabajo. Antes, el problema podía ser el clima; ahora, es el mercado. Y contra eso, poco puede hacer el agricultor. La situación genera una enorme frustración. Producir un alimento de calidad y no poder colocarlo en el mercado supone un golpe económico y moral. Antonio reconoce que cada campaña es más difícil planificar, porque no sabe si podrá vender ni a qué precio.

El impacto real en la agricultura familiar

Este problema no afecta solo a Antonio, sino a miles de agricultores que viven de explotaciones familiares. Cuando el precio en origen no cubre costes, la viabilidad del campo se resiente. Muchos productores se plantean reducir superficie, cambiar de cultivo o abandonar directamente la actividad.

El contraste es evidente: mientras el consumidor paga precios elevados en el supermercado, el agricultor recibe cantidades mínimas. La diferencia se queda en la cadena de intermediación, dejando al eslabón más débil sin margen de maniobra. La experiencia de Antonio es el reflejo de un modelo que no está funcionando para el productor local. Tras 50 años en el oficio, nunca había tenido tantos problemas para vender cebollas de calidad. Y esa realidad, lejos de ser una excepción, se está convirtiendo en una constante en el campo español.