Tal día como hoy del año 1931, hace 88 años, en Barcelona, se celebraban los funerales del inspector de policía Rafael Rubio, de las comerciantes Carme Ferrando y Dolors Boleda, y de los pistoleros identificados como el Paparra y el Texas, muertos tres días antes por la tarde, en el transcurso de un tiroteo en el Bar Brussel·les, en el chaflán de las calles Urgell y Aragó. Según la prensa de la época (La Vanguardia, ediciones del 19, 20 y 21 de noviembre de 1931), la policía recibió la información de que en aquel bar se habían reunido cinco líderes de bandas delictivas de la ciudad, que estarían preparando una acción de gran alcance.
Según la misma prensa, cuando los delincuentes se dieron cuenta de que un grupo indeterminado de policías de paisano se había introducido en el bar, reaccionaron iniciando un tiroteo que se saldaría con cinco muertos y doce heridos de bala. También la misma prensa relata que aquel tiroteo se convirtió en un asedio ―entre los dos líderes de bandas que habían quedado atrapados dentro del bar y la policía apostada en la entrada― con un continuo intercambio de tiros que duraría más de una hora. De resultas de este tiroteo, morirían el inspector Rubio, los dos delincuentes atrapados y la propietaria del bar Carme Ferrando.
La quinta víctima mortal se produciría cuando los otros tres delincuentes escaparon. En el transcurso de su huida, se produjo un tiroteo por la calle ―simultániamente al que se producía en el bar― y una de las balas impactó mortalmente contra Dolors Boleda, propietaria de una tienda próxima al bar. Según la prensa, los fugitivos no pudieron ser perseguidos ni identificados. Pero, en cambio, la prensa destaca que los delincuentes muertos en aquel tiroteo estaban fuertemente armados y vestían muy elegantemente: traje oscuro y sombrero, zapatos de media caña, camisa con cuello de corbatín, y lazo de colores vivos.
Poco después, los doce heridos de bala (entre policías, clientes del bar y peatones) fueron ingresados en varios hospitales. Aquel suceso conmocionaría la ciudad, y al funeral de las víctimas asistirían el president Macià y el alcalde Aiguader.
