Con la reapertura de fronteras este domingo en China y la posibilidad de que decenas de miles de ciudadanos viajen al extranjero, se ha multiplicado el temor a una expansión incontrolada del virus por todo el mundo e incluso que la covid-19 mute por la explosión de casos en las últimas semanas. La vacuna china merece muy poca confianza en Occidente, la información que el país asiático ha facilitado desde el inicio de la pandemia ha sido puesta permanentemente en cuarentena y los principales países del planeta se mueven con pies de plomo a la hora de aplicar medidas —y no digamos de cerrar fronteras, ya que enfrente hay nada más y nada menos que China, capaz de adoptar cualquier represalia si se siente agredida—.
Pero lo cierto es que el riesgo es alto y no se aprecia en las administraciones una preocupación. Un interesante reportaje publicado este viernes en el periódico The Guardian señalaba que el número de celebridades muertas genera serias dudas sobre las cifras oficiales facilitadas y que después de tres años de pandemia, la incredulidad en el país asiático respecto a las estadísticas que se han dado a conocer es muy amplia si se hace caso a la información que se puede conocer a través de las redes sociales.
Aunque se están estudiando medidas y algunos países exigirán certificados negativos de infección, las imágenes que se están conociendo de los hospitales chinos saturados y las funerarias repletas de cadáveres hacen prever que los pases acaben siendo insuficientes. Lo suyo sería un aislamiento masivo en el lugar de destino durante unos días para confirmar que realmente no hay infección y se descarta la expansión de un brote. Eso no se va a hacer, ya que las consecuencias serían múltiples y, además, el coste económico se tendría que explicar en un momento en que las partidas sanitarias se están intentando congelar tras el lógico aumento de los últimos años.
En esta situación, van a ser necesarias grandes dosis de fortuna para que la situación continúe bajo control. Porque, además, el retroceso en la vacunación de la cuarta dosis respecto a las tres anteriores es importante y ello tampoco es una buena noticia. Aquellas llamadas de atención con las tres primeras vacunas por parte de las autoridades sanitarias se han convertido, con el tiempo, en una fase de mayor laxitud. Y eso que ahora el problema no son las vacunas, que hay una cantidad más que suficiente.
