La rapidez con la que el Govern ha admitido que el socavón del Putxet, en el barrio de Sant Gervasi-la Bonanova, había sido causado por las obras de prolongamiento de la Línea 9 del metro, pero descartando cualquier paralelismo con el Carmel, es, casi sin quererlo, como un viaje al pasado. La memoria recuerda las tragedias, y aquel 27 de enero de 2005, a primera hora de la mañana, un socavón se tragó un garaje y un edificio de viviendas del pasaje Calafell, afortunadamente, sin causar daños personales. Ahora, tampoco ha habido daños personales, pero el balance de este martes es que los residentes de ocho fincas, en las calles Rubinstein, Teodora Lamadrid y Sant Gervasi, que comprenden 93 viviendas, tendrán que pasar esta noche, como mínimo, fuera de sus hogares. Aquel socavón del Carmel tenía una dimensión de 35 metros de profundidad y 30 de diámetro, y el de este martes en el Putxet era bastante más reducido, 8 metros de diámetro y 4 de profundidad, pero el miedo de muchas familias provocó una mañana de nervios e hizo que más de un vecino explicara historias realmente preocupantes.
Como la del administrador de la pizzería Verona y descubridor del socavón, Domingo Finez, que lo ha explicado sin rodeos: "He abierto una puerta y me he encontrado que los lavabos se habían hundido, habían desaparecido". En los últimos días había notado, dice —otros vecinos también lo han denunciado—, algunas grietas en las paredes. La Generalitat, encargada de las obras del metro en Barcelona, y el Ayuntamiento, la administración encargada de cualquier incidencia en la ciudad, tienen por delante un primer trabajo imprescindible: tranquilizar a la población con las explicaciones necesarias de que estamos ante un caso de mala suerte y que todos los trabajos previos se han realizado, técnicamente, como corresponde. Es normal este primer estado de shock, ya que, entre otras cosas, la ciudad está inmersa en muchas obras, como acostumbra a suceder, primero, en verano y, después, durante el último año de un mandato municipal antes de las elecciones. Aunque, en este caso, la L-9, que tendrá una longitud de 47,8 kilómetros, de los que más de 43 transcurrirán bajo tierra, la lleve a cabo la Generalitat, que inició su construcción, oficialmente, en 2003 en Badalona.
La consellera Paneque ha asegurado que el socavón en el Putxet no puede evolucionar más y los técnicos ya lo están rellenando con hormigón
Las obras realizadas para la construcción y perforación de la L-9 son, según explicó la consellera de Territori Sílvia Paneque, muy diferentes a como se trabajaba en 2005. Lo único que no ha cambiado es que el subsuelo de la ciudad en el Eixample, Gràcia o Sarrià-Sant Gervasi es muy complejo, con capas superpuestas de arcillas rojizas, limos, arenas y gravas arrastradas por el agua desde las montañas y, además, en muchas zonas, el agua de lluvia que baja de Collserola circula de forma natural empapando este subsuelo, creando acuíferos superficiales y rieras subterráneas. Es probable que, en consecuencia, se haya producido un movimiento de tierras, algo que podremos saber con mayor precisión en los próximos días, igual que conoceremos los estudios geológicos imprescindibles para una obra de esta envergadura y su seguimiento. No es la primera vez que en Teodora Lamadrid se produce un socavón, aunque para ello haya que remontarse a la década de los sesenta, cuando causó incluso la muerte a una persona.
La Sindicatura de Greuges, dirigida por Esther Giménez-Salinas, ha abierto una actuación de oficio para velar por los derechos de los afectados y, seguramente, no será la única que se llevará a cabo en los próximos días. La consellera Paneque ha asegurado que el socavón en el Putxet no puede evolucionar más y los técnicos ya lo están rellenando con hormigón, una operación que piensan completar en las próximas horas. Un discurso tranquilizador que se completará si en las próximas horas los vecinos de las 93 viviendas desalojadas pueden volver a sus casas. Pero habrá que ser muy exigentes y cuidadosos con el desarrollo de la investigación que se va a llevar a cabo, ya que solo de esa manera volverá la tranquilidad a los vecinos afectados y a todos aquellos que sufran obras y puedan pensar que igual se ven envueltos en una situación similar. También habrá que conocer si las denuncias que se habían presentado en Territori han tenido la celeridad en la investigación que la envergadura de la obra precisa. La mejor manera de romper la cadena del miedo que pueda haber no es otra que eficacia, información y transparencia.
