Si el fútbol es un deporte atractivo es porque nos regala momentos inesperados e inolvidables. Lo que ha sucedido este domingo en Vinaròs, sin embargo, supera todas las expectativas que se puedan imaginar.

El conjunto local se enfrentaba al Peñíscola en un partido correspondiente a la Primera Regional valenciana, la categoría previa a la Tercera División. Fútbol de alto nivel pero completamente amateur, con todo lo que eso implica.

Vayamos paso a paso. Últimos minutos de partido: el Vinaròs, que pierde por 0-1, se lanza al ataque con todo, portero incluido, con el fin de intentar empatar el partido. Es entonces cuando el guardián de la portería, Carlos Aguayo, después de encontrar un pequeño espacio en el frontal, consigue batir a su homólogo con un disparo ajustado al palo. Golazo y euforia en el estadio de los locales, que empatan gracias al gol de un portero, hecho siempre sorprendente.

Entonces, sin embargo, el héroe se transforma en papanatas. Aguayo, completamente eufórico, olvida por completo que todavía quedan unos últimos segundos de partido, hecho que el conjunto visitante aprovecha de manera impecable, superándolo con un disparo desde el centro del campo. El portero, que ya estaba pensado en los titulares que generaría su acción triunfal, queda absolutamente retratado.

Final de película en Vinaròs con final feliz para el Peñíscola. Su jugador Marcos Cano, autor de los dos goles, no olvidará esta mañana. El portero local, tampoco eso seguro.