Caryl Churchill (1938) es una de las autoras inglesas más importantes del teatro contemporáneo. A finales de la temporada pasada pudimos ver otra de sus obras: I només jo vaig escapar-ne, dirigida por Magda Puyo. Y unos años atrás Lluny y Una còpia, ambas dirigidas por Jordi Prat i Coll. En definitiva, una dramaturga que ha estado presente en nuestra cartelera, pero no tanto como merecería. Quizás porque su teatro atraviesa ciertas barreras en forma y estilo que teóricamente no es apto para todos los públicos. Pero ahora, gracias a la iniciativa de On el teatre batega, una red de Teatros de Proximidad que seleccionan un número de espectáculos de compañías/dramaturgos/directores emergentes para darles cabida en su programación, la directora Lucia del Greco nos presenta El desig del cor en el Teatro Tantarantana. Y ya os adelanto que, si yo fuera vosotros, no me la perdería. Pero no esperéis una obra de presentación, nudo y desenlace. Estamos hablando de teatro contemporáneo que nos abre la puerta a explicar las historias de otras maneras.
Una obra radical; un bucle de repeticiones y variaciones sobre los condicionantes de la familia y su poder represivo hacia el individuo
El desig del cor trata sobre un matrimonio y una tía que esperan que la hija llegue a casa después de pasar un tiempo en Australia, pero la chica se está tomando su tiempo y la espera se hace... complicada. Y poca cosa más. Aún así, no tengáis miedo de que no pasen cosas. Pasan y muchas. Tantas como podrían ocurrir en nuestra imaginación. Tantas como suceden en la realidad. Porque sólo con esta premisa la dramaturga construye una obra radical sobre los condicionantes de la familia y su poder represivo hacia el individuo. Un bucle de repeticiones y variaciones sobre el mismo tema que revelan las grandes capacidades del lenguaje escénico donde el texto es casi lo menos importante.
Vanessa Segura y Albert Pérez son el matrimonio. Su gestualidad y precisión son casi milimétricas. Los actores no pueden improvisar nada, ni el tono de muchas palabras, y eso no es nada fácil. Forman parte de un engranaje perfecto que requiere mucha disciplina y profesionalidad. La misma que muestra Alícia Puertas en esta eterna repetición de gestos y patrones de comportamiento. Sara Morera y Marc Tarrida completan este elenco compacto que, a pesar de la inverosimilitud de algunas situaciones, enfrenta siempre la interpretación desde un tono realista y veraz.
La dramaturgia y dirección de Lucia Del Greco en lugar de oscuros nos ofrece unas instantáneas familiares que se repiten en casi todas las casas. A pesar de las dificultades de un texto tan fragmentado, el montaje alcanza un muy buen ritmo gracias al hecho que todo suma. Desde el espacio sonoro de Llorenç Balaguer i Eduard Mauri a la excelente iluminación de Quim Algora. Un espectáculo valiente, difícil y logrado de un texto que fue escrito en 1987. Sólo nos ha hecho falta treinta y cinco años para ver una puesta en escena en casa nuestra. Nos estamos perdiendo la contemporaneidad.
