El 26 de febrero de 1997 en el Ayuntamiento de Barcelona se vivió un episodio singular: un grupo de miembros del movimiento okupa se infiltró en la Casa Gran, accedió a la azotea, arrió la bandera española y en su lugar izó la bandera del movimiento, la negra con un rayo rodeado por un círculo en color blanco. Varios fotógrafos, avisados con antelación de que algo pasaría en la plaza de Sant Jaume, pudieron inmortalizar aquel momento, que ha quedado como una muestra de la fuerza del movimiento okupa en los años noventa del siglo pasado, pero que, en todo caso, no era precisamente un hecho aislado, sino una protesta por la presión que el movimiento sufría, con situaciones también destacadas como la ocupación de la Hamsa en marzo de 1996 y el desalojo del cine Princesa en noviembre de aquel mismo año.

Estos tres hechos históricos, así como muchos otros relacionados con la Barcelona okupa de los años noventa, se relatan en la novela No deixis que el foc s'apagui (Sembra Llibres, 2026), de Joan Canela, periodista y autor también del libro ¡Insubmissió! Quan joves desarmats van derrotar un exèrcit. En tanto que novela, No deixis que el foc s'apagui responde al formato de obra de no-ficción, pero asimismo tiene un importante componente memorialístico y autobiográfico. Canela vivió en propia persona muchos de los hechos explicados, de manera que el protagonista, un okupa ya maduro que vuelve a Barcelona después de años de exilio en Brasil huyendo de unos hechos turbios, es en cierta manera el alter ego del autor del libro.

Miembros del movimiento okupa durante el desalojo del CSOA Hamsa en 2004 / Foto: Efe - Guido Manuilo
El cine Princesa, poco antes de su desalojo en 1996 / Foto: Joe Mabel

El mismo formato, que evita ser explícito con las localizaciones, pero donde fácilmente se adivina que el Barri es Sants, y el Centre social es la Hamsa y también evita nombres de protagonistas, ya que muchos se vieron implicados en hechos delictivos, con toda probabilidad ya prescritos, sirve para relatar desde una historia personal diversos hitos que marcaron la Barcelona postolímpica, donde el movimiento okupa tradicional, el de jóvenes antisistema que se instalaban en espacios abandonados, vivió sus años de gloria, pero también sufrió una furiosa represión por parte de las fuerzas del orden, originando diversas batallas campales y desalojos sonados como el ya citado del cine Princesa, en la Via Laietana esquina con la calle Manresa donde un edificio moderno hace años que sustituyó la sala de espectáculos histórica.

Portada del libro 'No deixis que el foc s'apagui' / Foto: Sembra Llibres

Aunque no se cite explícitamente, la obra gira en torno al movimiento okupa de Sants, siempre en competencia con el de Gràcia, y especialmente la okupación de la Hamsa (Hierros y Aceros Moldeados SA), una fábrica de Hostafrancs tan grande que los okupas se tuvieron que conformar con establecerse en una parte mínima de todo un local que, entre 1996 y 2004, cuando fue desalojado, se convirtió en el centro social okupado autogestionado CSOA Hamsa y que actualmente, una vez derribada la fábrica, conforma la plaza de Joan Pelegrí, justo detrás de la sede del distrito de Sants-Montjuïc.

En definitiva, No deixis que el foc s'apagui aporta veracidad a una Barcelona okupa que estalló a mediados de los años noventa y que, en todo caso, no ha muerto nunca del todo, a pesar de que su objetivo de derribar el sistema no se haya implementado ni de lejos y que las reivindicaciones de la vivienda hayan evolucionado de tal manera que ya no solo son jóvenes inconformistas los que okupan locales abandonados, que también, como en los casos del Kubo y la Ruïna o la Antiga Massana, sino familias enteras que consideran legítimo ocupar viviendas vacías ante la crisis residencial que Barcelona no ha sabido solucionar todavía, pasando de la okupación ideológica a la ocupación de supervivencia. ¿Ha cambiado todo y no ha cambiado nada?

 

Imagen principal: La bandera okupa ondea en el Ayuntamiento de Barcelona junto a la senyera y la bandera de Barcelona vigente entre 1996 y 2004 / Foto: Efe - Andreu Dalmau