Gonzalo Boye (Viña del Mar, Xile, 1965), l'advocat que defensa a Europa el president Carles Puigdemont i els consellers exiliats, i al president Quim Torra en la causa per desobediència, ho ha tornat a fer. Després del seu exitós dietari ... Y ahí lo dejo. Crónica de un proceso (Roca Editorial), la bèstia negra de l'espanyolisme judicial publica nou llibre. A Así están las cosas. Cómo ganamos en Europa (Roca Editorial), a la venda el proper 18 de juny, Boye relata el dia a dia del 2019 i els primers mesos del 2020, quan van tenir lloc batalles decisives per al futur judicial dels líders independentistes. Boye va plantejar l'estratègia a seguir a finals d'octubre del 2017, abans dels empresonaments dels consellers decretats per l'Audiència Nacional i els exilis a Europa en els documents "Efecto Dómino", els dos primers dels quals s'inclouen al seu nou llibre. 

El Nacional publica íntegrament i en exclusiva l'últim capítol del llibre, "Diciembre", un relat trepidant sobre les jornades que van acabar amb Puigdemont, Toni Comín i després Clara Ponsatí asseguts al Parlament Europeu com a eurodiputats de ple dret. Una victòria contra tot pronòstic tret del de Boye i el seu equip. D'ell forma part l'enigmàtic senyor Cekpet, un jurista d'identitat desconeguda el paper del qual ha estat clau en la defensa dels exiliats, a qui Boye defineix com "nuestra arma más secreta y valiosa".       

Diciembre

Vaya mes… El lunes 3 tuvimos una de esas situaciones complejas que se viven cada tanto en los despachos penales: citamos a un matrimonio al que defendíamos para preparar un juicio señalado para el día siguiente. Nosotros lo teníamos todo preparado, pero las declaraciones de ellos las queríamos el último día porque es lo que mejor resultado da. Al contactar con uno de ellos nos enteramos de que se habían separado, y no solo eso, sino que era una separación complicada y muy poco amistosa. Acto seguido contactamos con la  otra defendida, quien nos ratificó  lo sucedido en los últimos meses. Así pues, no podíamos defenderles en el juicio del día siguiente, ya que la defensa pasaba por el mantenimiento de una línea argumental única y ellos ya no estaban dispuestos a seguir esa estrategia.

Nos reunimos rápidamente en el despacho y acordamos, entre todos, que ambas defensas se habían vuelto incompatibles y que debíamos, primero, comunicárselo a los defendidos y, luego, al propio Juzgado. Hablamos con ambos y no solo estuvieron de acuerdo, sino que, además, parecían aliviados, así que solo nos quedaba hablar con el Juzgado. Como sucede en estas ocasiones, y con tan poca antelación, el Juzgado nos informó de que no resolverían nada hasta el día siguiente y, por tanto, eso nos obligaba a acudir al juicio, solo que en lugar de ir los dos que defenderíamos a esa pareja, ya en vías de extinción, lo haría solo uno de nosotros.

Al día siguiente tenía que dar clases de Derecho Penitenciario en el Colegio de Abogados de Madrid; siempre me ha gustado enseñar y esta es la única clase que sigo manteniendo, así es que no quería perdérmela, por lo que tenía los tiempos muy bien calculados, aunque ya no tenía el juicio al que ya habíamos renunciado.

El miércoles 4 tenía que viajar a Malta para un juicio señalado para la mañana del jueves, por lo que primero me fui al despacho, muy temprano, para revisar todo lo pendiente y, sobre todo, hacer copia del material que necesitaba y llevarme una memoria USB con las declaraciones, que días antes se habían prestado en Sabadell y que estaban directamente relacionadas con el juicio de Malta.

No era la primera vez que tenía que acudir a los Juzgados de Malta y siempre es una experiencia interesante. Lo que nunca había hecho era estar allí en ambiente pre-navideño y es una auténtica experiencia. Al llegar, como siempre con algo de retraso y haciendo un viaje bastante largo vía Roma, me estaba esperando un buen amigo y defendido cuya empresa es a la que representamos.

Del aeropuerto me llevó al hotel que habían reservado y  que se encuentra justo a  la entrada de la zona antigua de La Valeta, con una vista espectacular y a corta distancia de los juzgados, lo que sería una ventaja para el señalamiento del día siguiente. Una vez dejé mis cosas en el hotel nos fuimos a caminar por el centro de la ciudad, que no solo estaba decorada para Navidad, sino que contaba con un hilo musical en que se iban sucediendo diversos villancicos que daban un toque muy especial a una ciudad que ya de por sí lo es. Caminamos cerca de una hora dando vueltas, conversando de la vista del día siguiente, explicándole la relevancia de lo declarado en Sabadell una semana antes y, sobre todo, haciendo hora para ir a cenar, ya que él había reservado mesa en un sitio muy agradable de auténtica comida maltesa.

Bassim, que en su día fue ministro de Economía de Palestina, es una persona no solo agradable, sino extremadamente sensible y muy atenta a todo y, como no podía ser de otra forma, también estaba preocupado por mi situación y lo sucedido con las entradas y registro en casa y el despacho. Hablamos del tema y me ofreció todo su apoyo, pues habiendo sufrido situaciones similares a lo largo de toda su vida entendía perfectamente de qué iba todo el tema.

Después de cenar tuvimos que darnos una buena caminata, no porque estuviésemos lejos del hotel, sino porque habíamos comido en exceso, al menos en exceso para lo que debe ser una cena. Una vez más dimos un paseo por la ciudad y aprovechamos para irnos fijando en las decoraciones navideñas, que le encantan. Tanto le gustan a Bassim y a Sandra, su esposa, que hace tres años, cuando pasamos el periodo de Navidad en Palestina, fuimos a su casa y pudimos comprobar cómo tenían no solo un belén, sino también una auténtica "ciudad de Papá Noel" con todo tipo de decoraciones procedentes de los muchos países en que han vivido. Elena, nuestra hija, aún recuerda esa decoración que en su día le impresionó mucho.

Llibre Gonzalo Boye

El jueves nos juntamos muy temprano en mi hotel y nos fuimos caminando al despacho del colega maltés que se encarga de la defensa allí. Tras una breve reunión, cruzamos a los juzgados, donde con una puntualidad británica comenzó una vista que duraría cerca de dos horas. Me tocaba a mí exponer una serie de datos relacionados con el procedimiento que se sigue en Sabadell y también aclarar algunos aspectos relevantes en relación al derecho español.

Malta es un país católico y, por tanto, todas las dependencias públicas, incluidos los juzgados, están precedidas por un imponente crucifijo y, en el estrado, una Biblia sobre la que han de jurar o prometer los testigos y peritos.

Cuando salimos de la vista el abogado de la otra parte, que es uno de los grandes abogados malteses, se me acercó y me propuso que nos tomásemos un café media hora más tarde y le dije que sí; ya entonces era evidente que lo que pretendía era llegar a un acuerdo.

Le expliqué a Bassim y al compañero maltés lo que me había dicho y decidí esperar al otro abogado en una cafetería frente al Juzgado. La reunión fue rápida, sencilla y muy clara: quería un acuerdo pero que no fuese excesivamente gravoso para su cliente; obviamente, un acuerdo, si se quiere alcanzar, ha de ser bueno para ambas partes, por lo que le indiqué que nos tomásemos hasta enero para perfilarlo y que antes de la próxima vista, señalada para comienzos de febrero, lo tendríamos.

Terminada dicha reunión le expliqué la situación a Bassim y nos fuimos a la sede de su farmacéutica para, desde allí, hablar con el gerente y llamar a Sandra para  informarle de todo lo sucedido. Al concluir la reunión salimos directos al aeropuerto, ya que tenía que coger un vuelo, nuevamente vía Roma, de regreso a Madrid y no quería perderlo porque al día siguiente nos iríamos con Isabel y con Elena a pasar el puente a Ibiza a casa de mi editora y su marido, buenos amigos nuestros.

Llegué bastante tarde a Madrid, pero eso me daba lo mismo, igual que el madrugón del día siguiente, porque estaríamos unos días tranquilos en Ibiza; o, si no eran muy tranquilos, sí serían de asueto, que era algo que estábamos necesitando urgentemente.

Esa mañana no costó levantar a Elena, y eso que era muy de madrugada, pero es que viajar le encanta, y a Ibiza mucho más, y estar con Blanca y José también. Por mi parte estaba agotado, así es que dormí todo el vuelo y bajé en Ibiza un tanto noqueado, pero se me pasaría en cuanto pillase mi dosis de café.

El fin de semana fue no solo tranquilo sino muy agradable, con buen tiempo, excelentes conversaciones con nuestros anfitriones y algunos amigos de ellos y también a nivel gastronómico. José es un gran especialista en arroces  y me permitió ver todo el proceso, así como grabarlo en lo que, algún día, usaré como un auténtico tutorial para la elaboración de paellas.

Si uno no es capaz de bajar a tierra, ponerle rostro humano a lo que hace y conservar algo de sentido del humor, entonces es mejor dedicarse a otra cosa

Esos vídeos han dado ya la vuelta al mundo porque, de una parte, se los fui enviando a mis compañeros de curso del colegio, en Chile, a través de un chat que tenemos muy activo en WhatsApp y, de otra, al president Puigdemont, mientras iba contestando a una serie de temas que me estaba planteando y que giraban en torno a las fechas de los próximos acontecimientos. Si uno no es capaz de bajar a tierra, ponerle rostro humano a lo que hace y conservar algo de sentido del humor, entonces es mejor dedicarse a otra cosa; esta máxima la aplico en todas las situaciones y con todas las personas.

El domingo 8 regresamos a Madrid, a pesar de que el lunes era festivo, porque las semanas que vendrían serían todo menos tranquilas. De hecho, ya el martes 10 tuve que volver a Barcelona para atender una serie de reuniones urgentes y relevantes.

Salí, como en muchas otras ocasiones, en el primer vuelo de la mañana, y nada más aterrizar, me fui al hotel donde suelo hospedarme para tener varias reuniones e irme a otras en distintos puntos de Barcelona. Ese día terminé bastante tarde porque la última reunión era con Costa y teníamos muchos temas por revisar. Cada día que pasaba era más evidente que, en cualquier momento, el TJUE resolvería alguno de los temas pendientes y se desataría una dinámica para la cual estábamos preparados desde hacía meses, pero no por eso era menos relevante tenerlo todo claro y revisado.

El miércoles 11 las reuniones comenzaron a las 8 de la mañana y se fueron sucediendo hasta las 7 de la tarde, casi sin parar, y al terminar la última de ellas salí disparado al aeropuerto para embarcar rumbo a Madrid. A pesar de todo lo que había corrido, llegué a tiempo, pero mi vuelo sufrió casi dos horas de retraso, con lo que, una vez más, llegué muy tarde a casa.

El jueves 12 fue un día intenso, entre cosas del despacho que tenía que organizar, una serie de escritos que estábamos terminando y varias reuniones programadas se me hizo tremendamente corto y tuve que dejar cosas para el viernes porque quería llegar a casa y ver a Elena.

El viernes 13 me fui muy temprano al despacho, mucho antes de lo habitual, porque quería terminar todo lo pendiente y tenía reunión sobre las 08:30 con un compañero  que colabora con nuestro despacho. La jornada fue intensa pero tenía recompensa a la vista: esa tarde nos iríamos a pasar el fin de semana a Catalunya con Isabel y con Elena, así como con mi suegra, que había llegado a Madrid para pasar las fiestas con nosotros.

La idea surgió de combinar una invitación que me habían hecho a través de Jami para dar una charla en Olot y el deseo de llevar a Elena a Catalunya para reforzarla un poco y que viese que no todo el mundo odia a su padre, y que, a diferencia de lo que sucede en Madrid, en Catalunya hay mucha gente que aprecia el trabajo que hacemos y nos muestra su cariño de manera constante.

La presión a la que nos vemos sometidos es algo que Isabel y yo sabemos manejar, pero poco a poco se va trasladando a nuestra hija

La presión a la que nos vemos sometidos es algo que Isabel y yo sabemos manejar, pero poco a poco se va trasladando a nuestra hija. Ella tiene que contar con elementos para contrarrestar tales situaciones y una de esas formas pasa por ver otras realidades y percibir nuevas sensaciones.

Llegué al aeropuerto con bastante tiempo y, al poco, me llamó Isabel diciéndome que estaban en un atasco descomunal y que le faltaba, según su GPS, más de una hora para llegar; no me lo podía creer, pero era viernes y había obras en la carretera. El retraso de Isabel iba en aumento y comencé a ponerme nervioso pensando en que igual no llegaban.

En previsión vi qué alternativas nos quedaban y la única era volar a primera hora de la mañana siguiente; en cualquier caso, y para ir ganando tiempo, saqué las tarjetas de embarque para así ir avanzando. Isabel seguía sin llegar y ya iba quedando muy poco margen.

Cuando faltaban cuarenta minutos para la salida del vuelo me avisó de que acababan de entrar en el aparcamiento y de que subían inmediatamente. Les indiqué dónde estaba y que tenía las tarjetas listas; como no íbamos a despachar equipaje, podían ir directamente al control de seguridad.

Si bien siempre ando con el tiempo pegado a los talones, en esta ocasión me preocupé, porque no solo iba con Isabel, sino con Elena y mi suegra. Al final llegaron, pasamos el control de seguridad y corrimos hasta la puerta llegando justo al embarque.

Lo mejor de todo, y que fue el primer encuentro de Elena con la realidad catalana, se produjo al entrar al avión y ser inmediatamente saludado por el piloto de manera muy efusiva. Me preguntó dónde estaba sentado y me indicó que luego nos veríamos. Elena quedó impresionada. Al poco de despegar nos invitaron a saludar al piloto, que resultó ser una persona encantadora, muy bien informada y muy cariñoso también con Elena; nuestra hija iba contando la gente que nos saludaba y era visible la alegría que eso le producía, para ella era algo totalmente nuevo.

Lo mejor de todo, y que fue el primer encuentro de Elena con la realidad catalana, se produjo al entrar al avión y ser inmediatamente saludado por el piloto de manera muy efusiva

Al llegar a Barcelona cogimos un coche y pusimos rumbo a Girona, que era donde habíamos decidido hacer noche y donde habíamos quedado con Jami y con Dolors, su pareja, para vernos y recorrer la ciudad a la mañana siguiente. Como ninguno había cenado, hicimos una parada para comer algo y, nada más bajarnos del coche, varias personas nos saludaron, lo que iba aumentando el recuento que hacía meticulosamente nuestra hija.

El sábado 14 me levanté muy temprano y bajé a la cafetería a desayunar, leer la prensa y terminar un escrito que estaba aún pendiente. Al poco apareció Elena que, una vez más, se vio sorprendida por la efusividad y el cariño de un grupo de personas de Lleida que se hospedaban en el mismo hotel.

Sobre las 10, más bien a las 10 en punto como es su costumbre, aparecieron Jami y Dolors, y después de tomarnos otro café partimos rumbo al centro de Girona; era una experiencia única caminar con ellos, y algunos amigos más, por unas calles de las que conocían, y nos explicaban, toda su historia. Estuvimos paseando por la ciudad cerca de tres horas, momento en el cual decidimos tomar un aperitivo.

Al salir de Girona nos dirigimos rumbo a Olot, no sin antes, y en medio del campo, hacer un alto para comer en un sitio excepcional en el cual, junto al fuego de una imponente chimenea, comimos en exceso. Nos dieron a probar todo tipo de productos de la zona; parecía que el mundo se iba a acabar y que antes de eso teníamos que comérnoslo todo.

Al terminar hicimos un recorrido turístico por la zona y finalmente llegamos a Olot con el tiempo justo para la charla que tenía que dar. La verdad, hasta ese momento no había sido capaz de hacer la digestión y el cuerpo lo que pedía era una siesta, pero eso no iba a ser posible.

(...) una represión que se alarga ya por años (...) ha hecho de cada catalán un experto en derecho extradicional y penal

Fue un acto muy bien montado y, como suele ocurrir en este tipo de eventos, la gente no solo estaba bien informada, sino que sus preguntas apuntaban a temas que incluso muchos juristas no habrían sido capaces de apuntar. Es una de las consecuencias de una represión que se alarga ya por años y que ha hecho de cada catalán un experto en derecho extradicional y penal.

Al finalizar el acto nos llevaron a un restaurante, en  las afueras de Olot, donde habían organizado una cena… sí, una cena cuando aún seguíamos pagando las consecuencias de la comida. Fue muy grato el  encuentro, que fue con un grupo más pequeño de personas, pero era muy difícil ser capaces de cenar aunque, a lo lejos, vimos cómo Elena se "ponía las botas" con, primero, un plato de pasta y, luego, un postre de chocolate que desbordaba el  plato y su imaginación… Era evidente que ella se las había arreglado para conseguir lo que más le gusta y, por tanto, estaba disfrutando a tope.

Dormimos en una casa rural y muy temprano por la mañana nos levantamos porque teníamos que ir al aeropuerto de Barcelona para que Isabel, Elena y mi suegra regresasen a Madrid y yo seguir viaje a Bruselas, donde al día siguiente teníamos la primera vista de las euroórdenes que se habían cursado en contra del president Puigdemont, Toni y Lluís. Antes de partir nos ofrecieron un impresionante desayuno y nos regalaron una bolsa, no menos impresionante, de embutidos de elaboración local que han ido haciéndonos compañía durante el resto del año.

En el aeropuerto nos despedimos y, antes de hacerlo, Isabel me "tomó la lección" sobre lo que tenía que hacer en Bruselas al día siguiente. Minutos después me junté con Jami, con Josep Lluís y con Rafa, que iban en el mismo vuelo. El día no sería corto porque nada más llegar a Bruselas nos trasladamos a mi hotel y, sobre las siete de la tarde, estaba prevista la presentación oficial de mi libro en Bruselas; a dicho evento no solo acudieron muchos catalanes residentes allí sino también varios de los protagonistas de ese y este libro: Paul Bekaert, Cristophe Marchand, el president Puigdemont, Lluís Puig —que hacía de maestro de ceremonias—, Costa, Miriam y Toni Comín, que, sorprendentemente y muy en contra de su costumbre, llegó casi a la hora. Después de la presentación había una cena organizada que terminó sobre la medianoche.

El lunes 16 era el día elegido para comenzar las vistas relacionadas con las euroórdenes en esos momentos en vigor; nos citaron a las 14.00, lo que permitió que por la mañana organizásemos una reunión con medios de comunicación en un evento pactado en off —lo allí hablado no se podía publicar— que serviría para que los periodistas tuviesen una visión clara de la situación y de lo que vendría a partir de ese momento.

La reunión fue maravillosamente organizada por Miriam y Roser y acudimos Costa y yo, los encargados de exponer la situación jurídica a la que nos enfrentábamos. Para ello hicimos uso de una presentación que nos había preparado Miriam y que hacía un repaso de los diversos escenarios y servía de guía ante todo el maremágnum de recursos, demandas y escritos que habíamos construido en los pasados diez meses de cara a que dieran sus frutos en esos momentos.

(...) los periodistas estaban sorprendidos de todo lo hecho y de cómo una cosa se entrelazaba con la siguiente y todo lo que llevábamos meses diciendo iba cobrando sentido, se iba haciendo visible 

Pienso que los periodistas estaban sorprendidos de todo lo hecho y de cómo una cosa se entrelazaba con la siguiente y todo lo que llevábamos meses diciendo iba cobrando sentido, se iba haciendo visible y, sobre todo, era lo que nos daba la seguridad sobre lo que decíamos un día sí y otro también. En paralelo, la gente del Consell per la República colgó en su web un detallado y bien estructurado dosier con los diversos documentos en que se sustentaba la estrategia jurídica, que algún día y cuando se desinflamen los ardores patrios serán apreciados como lo que son: relevantes piezas jurídicas de una estrategia de defensa que apuesta, claramente, por una Europa de los ciudadanos, una Europa de las libertades y, en definitiva, plantea unas exigencias de futuro que no parecen compatibles con lo que, al menos hasta ahora, ha venido sucediendo en el Estado español.

Terminada esta reunión con los medios, y ya con el tiempo justo, salimos corriendo a un restaurante al que solemos ir cuando hay vistas en los Tribunales de Bruselas. Allí nos esperaban el president, Toni, Lluís, Jami, Josep Lluís, Rafa, Elena y más personas con las que habíamos quedado a comer antes de ir a la vista cuya duración, en esos momentos, no conocíamos.

La comida fue ligera y rápida porque yo tenía que estar en la sala de abogados del Tribunal a eso de las 13.00, como habíamos acordado con el resto del Brussels Team; al llegar al Palacio de Justicia ya estaba lleno de catalanes que habían venido a apoyar al president, a Toni y a Lluís, así como medios de comunicación estatales, catalanes y de otros países.

Pasé directamente a la sala de abogados, que ya se ha transformado en un sitio habitual para mí en Bruselas, y el que ya me esperaba allí era Paul, que suele ser tremendamente puntual. Poco a poco fueron llegando el resto de compañeros, y cuando dieron las 13.45 salimos a buscar a nuestros defendidos, que ya iban llegando al Palacio de Justicia.

Todos juntos nos dirigimos a la sala de vistas asignada, que no era nueva para nosotros, y a los pocos minutos nos hicieron pasar. Dentro nos esperaban el juez de la Cámara del Consejo, el fiscal, la secretaria judicial y los intérpretes; en esta ocasión no estaba presente el juez de Garantías, por lo que lo primero que se hizo es hacer constar que no teníamos inconveniente en celebrar el acto sin su presencia porque todos sabíamos, desde que se señaló la vista, que él estaría de vacaciones ese día.

Fue una vista muy breve, se trataba de determinar si todos estábamos de acuerdo en algunos puntos, que eran relevantes y debían ser resueltos con presencia judicial. Básicamente debíamos acordar, y así determinarlo el juez, si, de una parte, se continuaba con las tres euroórdenes en una única tramitación y, de otra, si se esperaba a que se resolviese alguno de los temas pendientes en el TJUE relativos a la inmunidad del president y de Toni.

Todos, incluido el fiscal, coincidíamos en ello y el juez no vio inconveniente legal alguno, sino todo lo contrario. Una vez resuelto esto se procedió a acordar una agenda de trabajo según la cual, y en materia de inmunidad, el fiscal se pronunciaría a más tardar el 6 de enero, nosotros el 20 de enero, y nos volveríamos a reunir el 3 de febrero para ver cómo continuaba, o no, el o los procedimientos en función de lo que para entonces se hubiese resuelto en Luxemburgo.

(...) fuera crecía la expectación por lo sucedido en una vista que, una vez más, se abordaba como si de una final de fútbol se tratase

Acordado todo esto procedimos a despedirnos y desearles buenas fiestas a las autoridades allí presentes, y salimos hacia la sala de abogados para repasar lo que se diría a los medios al salir. Mientras todo esto sucedía, fuera crecía la expectación por lo sucedido en una vista que, una vez más, se abordaba como si de una final de fútbol se tratase. Como en ocasiones anteriores, la presencia de medios era abrumadora y los recibimos en las imponentes escalinatas del Palacio de Justicia. Primero hablamos los abogados, en diversos idiomas en atención a los medios que procedían de distintos lugares, y luego lo hizo el president Puigdemont.

Cuando terminamos nos trasladamos a un hotel cercano para mantener ya una reunión en petit comité para revisar la situación, acordar los pasos que íbamos a seguir en los próximos días y ver qué temas podían surgir y cómo deberíamos abordarlos. La idea fue reunirnos allí porque después el president y Jami irían a Waterloo, Toni a Lovaina, Costa al aeropuerto y yo a una reunión con Cristophe Marchand para ver temas legales y luego cenar juntos.

A pesar de haberme acostado muy tarde, me levanté sobre las 6 de la mañana ese martes 17, ya que a las 8 tenía que estar en la sede que tiene la televisión catalana en Bruselas y, luego, llegar al vuelo hacia Madrid. El frío era intenso pero era lo que menos me preocupaba en esos momentos teniendo presente todo lo que tenía pendiente de hacer antes de las fiestas. Llegué a Madrid con el tiempo justo para una reunión prevista desde hacía tiempo y, después, me puse a "sacar papel", es decir, a revisar temas pendientes y escritos que estaban por presentarse. En cuanto terminé me fui a casa porque quería llegar pronto y estaba cansado.

A la mañana siguiente, el 18, cogí el primer vuelo a Barcelona porque tenía una serie de compromisos, entre ellos uno que me hacía gracia: rodar un spot de inicio del próximo programa navideño de FAQS. Al terminar me fui a una reunión en el centro de Barcelona y luego al hotel donde me encontraría con Isabel, que había llegado más tarde para atender una serie de compromisos  que  teníamos previstos para ese miércoles, especialmente con Costa  y con Cekpet, porque al día siguiente estaba previsto que el TJUE hiciese pública la sentencia en relación a las prejudiciales que había cursado Marchena en el caso de Junqueras.

Desde que conocimos las conclusiones del abogado general, nosotros sí eramos conscientes de lo que podía resolver el TJUE y, por tanto, y guardando siempre la calma, hicimos una serie de preparativos para los posibles escenarios. Todo estaba analizado y cuidado al detalle para no improvisar, que cuando se trata de las distintas defensas que llevamos es algo que no me gusta nada.

El jueves 19, que podía transformarse en el día D, nos levantamos temprano porque yo tenía previsto estar en el Parlament no más tarde de las 9, ya que la resolución del TJUE se haría pública a partir de las 09.30; Isabel llegaría un poco después ya que tenía otra reunión. Nada más llegar al Parlament me di cuenta de la mucha expectación que existía entre los medios de comunicación, que junto con la esperada sentencia coincidía con un pleno de la cámara legislativa catalana y con la expectativa de que en cualquier momento se hiciese pública la sentencia en el caso del president Torra.

Costa y Cekpet estaban, como yo, tranquilos pero tensos, porque era mucho lo que nos jugábamos, y además porque sabíamos que se había hecho todo y más para un resultado conforme a derecho. Conectamos con el president Puigdemont y con Toni a través de videoconferencia y vimos que en Waterloo estaba también el equipo más cercano al president, y en Barcelona estábamos nosotros tres más Albert Batet, Jaume Clotet y Josep Lluís Alay.

Mientras a través del ordenador estábamos conectados con Waterloo, encendimos una tele para seguir lo que iba sucediendo en Luxemburgo. A la hora prevista comenzó la lectura de resoluciones y el caso de Junqueras era el sexto de la mañana, pero lo que realmente nos interesaba ese día no comenzó hasta las 09.45.

Bastaron las dos primeras frases del presidente del TJUE para que supiésemos que habíamos ganado

Bastaron las dos primeras frases del presidente del TJUE para que supiésemos que habíamos ganado; en realidad, y de todos los reunidos, Costa, Cekpet y yo éramos los únicos que nos dimos cuenta así de rápido y eso generó que todos  nos  preguntasen: "¿Qué  pasa, qué pasa?". Nuestra respuesta fue clara, sincronizada y rotunda: "ganamos". No había nada más que decir.

Costa, Cekpet y yo nos fundimos en un intenso abrazo que reflejaba la tensión acumulada durante los últimos diez meses, el hastío ante los insultos, los menosprecios, las habladurías y el descrédito en el que nos habían sumido propios y extraños por algo que, finalmente, quedaba demostrado: teníamos razón y tanto el president Puigdemont como Toni, y luego Clara, eran eurodiputados, porque eso era lo que decía la Ley y nosotros supimos leerla en la forma en que nadie lo había hecho.

(...) finalmente, quedaba demostrado: teníamos razón y tanto el president Puigdemont como Toni, y luego Clara, eran eurodiputados, porque eso era lo que decía la Ley 

Inmediatamente después todos nos felicitaron y ahí fue cuando desde Waterloo se tomó el control de la desbordante alegría y tanto el president como Toni nos felicitaron y agradecieron todos los esfuerzos y malos ratos para, acto seguido, dar, por parte del president, las últimas instrucciones para poner en marcha todo lo previsto.

Acto seguido activamos lo que teníamos diseñado a nivel jurídico y que consistía, entre otras cosas, en remitir inmediatamente escritos a la Cámara del Consejo de Bruselas en el procedimiento de las euroórdenes, y al presidente del Parlamento Europeo el señor Sassoli; la finalidad era hacer valer la sentencia en los dos planos pero, sobre todo, dejar claro que esto no era el final, sino el comienzo. Antes de las 10.05 ambos destinatarios tenían ya sus correspondientes escritos y, en menos de media hora, el Parlamento Europeo ya había reaccionado pidiéndonos que ese mismo día acudiesen el president Puigdemont y Toni Comín a realizar los trámites administrativos de acreditación, a lo que contestamos que hasta el día siguiente eso no sería posible. El trabajo realizado por Aleix Sarri había sido fundamental.

Mientras Cekpet se marchaba a su trabajo, salimos del despacho de Costa y nos dirigimos, acompañados por Albert Batet, Jaume Clotet y Josep Lluís Alay, a las oficinas del grupo parlamentario de JxC en el Parlament. De camino nos íbamos cruzando con funcionarios, políticos y periodistas que nos iban unos felicitando y otros interrogando. No dijimos nada, tal como estaba organizado, pero por nuestras caras era evidente la alegría que nos invadía… habíamos ganado y eso después de un esfuerzo ímprobo cuyo precio seguimos y seguiremos pagando.

(...) es evidente que lo expuesto y analizado en los documentos "Efecto Dominó" de 29 de octubre y 1 de noviembre de 2017 terminaba por cumplirse

En la sala de reuniones del grupo estaban todos los diputados de JxC sentados en torno a una larga mesa ovalada, y nada más entrar con Costa, todos, encabezados por el president Torra, rompieron a aplaudir. Era la forma de reconocer y agradecer todo lo vivido. Inmediatamente nos conectamos desde allí con Waterloo y siguieron los parabienes y una suerte de celebración que reflejaba lo importante de lo conseguido.

Volviendo la vista atrás, es evidente que lo expuesto y analizado en los documentos «Efecto Dominó» de 29 de octubre y 1 de noviembre de 2017 terminaba por cumplirse y, a través de un paso dado por el TJUE, se lograba ese efecto dominó que es el comienzo del éxito de la internacionalización del conflicto.

Mientras todo esto sucedía, los expertos en contraprogramación ya estaban a pleno rendimiento, y minutos después de conocerse la sentencia del TJUE, el Tribunal Superior de Justícia de Catalunya, como si de una mera coincidencia se tratase, hizo pública la sentencia por la cual condenaban al president Torra por un inexistente delito de desobediencia a una pena de inhabilitación y multa por haber colgado una pancarta en el balcón del Palau de la Generalitat.

(...) minutos después de conocerse la sentencia del TJUE, el Tribunal Superior de Justícia de Catalunya (...) hizo pública la sentencia por la cual condenaban al president Torra por un inexistente delito de desobediencia

Nada más ser informado de ello, di la vuelta a la mesa hasta donde estaba el president Torra y me agaché para susurrarle la novedad: acababa de ser condenado y me parecía que era mi obligación como abogado decírselo primero a él y, luego, que fuese el propio president quien lo hiciese público al resto de parlamentarios allí reunidos, así como al president Puigdemont, que estaba aún conectado por videoconferencia.

Sin tiempo que perder, nos trasladamos a las oficinas que dentro del Parlament existen para el president de la Generalitat y fue ahí donde nos reunimos en privado con el president Torra, su infatigable equipo, el director jurídico de la Generalitat, un gran jurista, Francesc Esteve, Isabel y yo. Teníamos que valorar los pasos que íbamos a seguir, incluida la propia notificación de la sentencia, y también, valorar su contenido, una vez que lo conociésemos.

Fuimos resolviendo uno a uno los temas, y una vez se tomaron las decisiones correspondientes nos trasladamos al Palau de la Generalitat, donde el president Torra haría una declaración institucional. Después, y en off, Isabel y yo hablaríamos con los medios para aclarar los temas técnicos.

Al terminar nos fuimos a despedir del president Torra, de Pere Cardús y de Anna Figuera, y una cosa llevó a la  otra, terminamos comiendo con ellos, cosa que nadie había previsto. Fue una comida muy amena, a pesar de la gravedad de la situación, y fiel reflejo de la actitud vital del president Torra, quien en ningún momento perdió algo que le caracteriza: el sentido del humor.

De ahí fuimos caminando a nuestro hotel, donde teníamos pendientes una serie de reuniones con distintos defendidos. Todo con una agenda muy ajustada que cumplimos a rajatabla hasta que Isabel pudo coger el último vuelo de la noche. Yo cogería el primero de la mañana puesto que tenía que acudir a TV3 al programa 3/24, en el que he participado, a distancia, en muchas ocasiones.

Las preguntas siempre eran las mismas, pero el formato del 3/24 me permitió aclarar algunas cosas que parecían no estar claras como, por ejemplo, sobre si el TJUE habría sentado una nueva doctrina o no; en realidad eso no era así, simplemente estaba aplicando sus precedentes entre los que destaca la denominada «doctrina Musotto» que era la que nosotros veníamos invocando desde que comenzó la batalla por los escaños europeos. No había nada nuevo bajo el sol, pero algunos querían darle ese sentido novedoso para justificar cómo habían ido y se habían hecho las cosas hasta ese momento.

Nadie nos creyó y se nos trató fatal, y entonces, cuando nos acababan de dar la razón, desde una postura tremendamente miserable se trataba de presentar la sentencia del TJUE como generadora de una nueva doctrina que es la de siempre

Un análisis reposado de la sentencia  del TJUE, de 19 de diciembre, permitía ver cómo en la misma, al igual que sucedía con las conclusiones del abogado general de 12 de noviembre, se excedía el ámbito de las prejudiciales cursadas por Marchena en el asunto Junqueras. Eso era evidente para cualquier observador, sobre todo para quienes conocíamos los entresijos de todos esos procesos.

Las prejudiciales versaban sobre el momento en que comienza la inmunidad de un parlamentario europeo, a los efectos de conceder o no un permiso penitenciario para acudir a prometer la Constitución como requisito que, hasta ese momento, aparecía en la Legislación electoral española. La sentencia y las conclusiones del abogado general entraban en temas no planteados en esa consulta prejudicial, porque Marchena jamás se habría atrevido a entrar en ese terreno por las consecuencias que podría tener, pero que sí fueron alegados, y justificados, en nuestras demandas ante el Tribunal Supremo y ante el propio TJUE.

Nosotros habíamos cuestionado, desde el comienzo, la supuesta necesidad de prestar juramento a la Constitución española para conseguir la condición de eurodiputado; planteábamos, y así nos lo reconocieron tanto el abogado general como el TJUE, que esa norma española era contraria al derecho de la Unión y, además, que cualquier requisito adicional al hecho de obtener suficientes votos era contrario a las normas europeas. Nadie nos creyó y se nos trató fatal, y entonces, cuando nos acababan de dar la razón, desde una postura tremendamente miserable se trataba de presentar la sentencia del TJUE como generadora de una nueva doctrina que es la de siempre.

(...) fueron las artimañas de muchos diputados nacionalistas españoles, con el concurso del entonces presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani, y su gente, las que de manera ilegítima e ilegal habían privado a nuestros defendidos de sus derechos como eurodiputados

No hay nueva doctrina, lo único nuevo es que, por fin, se dan cuenta en España de lo que dicen las normas de la Unión, que en nada difieren de lo que nosotros explicamos, un año antes, al president Puigdemont, a Toni Comín y a Clara Ponsatí, y que sostuvimos contra viento y marea a un elevado costo personal.

El viernes 20, a los pocos minutos de aterrizar en Madrid, se hizo pública la segunda resolución de Luxemburgo, en la cual se resolvía nuestro recurso de casación en contra de la decisión del 1 de julio donde se nos denegaban las medidas cautelares solicitadas; esta decisión no solo nos daba la razón, sino que, además, venía a establecer que no nos habíamos equivocado y que fueron las artimañas de muchos diputados nacionalistas españoles, con el concurso del entonces presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani, y su gente, las que de manera ilegítima e ilegal habían privado a nuestros defendidos de sus derechos como eurodiputados y a sus votantes como electores europeos que son.

De esta forma el año no podía estar acabando mejor, había sido un año complejo que aún nos depararía muchas sorpresas, pero ese viernes teníamos la comida de fin de año del despacho y, por tanto, terminamos muy pronto y nos fuimos a comer; una comida abundante pero muy sencilla tras la cual nos tomamos alguna copa antes de que Isabel, Pablo y yo regresásemos a la oficina a terminar algunas cosas y el resto de compañeros siguiesen la celebración, vaya uno a saber dónde y hasta qué hora.

Mientras nosotros estábamos en la comida del despacho, el president Puigdemont y Toni entraban en la  sede  de Bruselas del Parlamento Europeo para realizar los trámites de sus respectivas acreditaciones. Era la escenificación del éxito que, a su vez, era el resultado de muchos, muchos esfuerzos.

Lo que iba a ser un fin de semana tranquilo, previo a la Navidad, fue complicándose poco a poco con todo lo que nos envió Llarena para posicionarnos de cómo nos afectaba la sentencia del TJUE. Lo sorprendente es que meses antes, cuando tratamos de presentar alegaciones en apoyo de las prejudiciales de Junqueras, se nos dijo por escrito que no éramos parte de ese procedimiento y que las mismas no nos afectaban, pero ahora se nos pedía, durante las fiestas de Navidad, que nos pronunciásemos sobre cómo nos afectaban.

Y como si eso no fuera bastante, el Partido Popular, implementando una sucia estrategia contraria a cualquier principio democrático, solicitó a la Junta Electoral Provincial de Barcelona que, declarándole inelegible, inhabilitase al president Torra tratando de forzar una ejecución provisional de la sentencia que el día 19 había dictado el TSJC.

Se nos dio el plazo desde el viernes noche al lunes por la mañana para pronunciarnos, por lo que, una vez más, Costa, Cekpet y yo nos vimos abocados a encerrarnos con el tema. El fin de semana también se había acabado pero, al menos en mi caso, trabajaría desde casa y lo teníamos que hacer en paralelo con temas penales y contencioso administrativos.

La trama montada por el PP para conseguir ejecutar, por la puerta de atrás, la sentencia del president Torra, que aún no era firme, implicaba retorcer el derecho varias vueltas más 

La trama montada por el PP para conseguir ejecutar, por la puerta de atrás, la sentencia del president Torra, que aún no era firme, implicaba retorcer el derecho varias vueltas más acudiendo a una declaración de "inelegibilidad sobrevenida", como si eso fuese posible en derecho cuando ni tan siquiera lo es lingüísticamente hablando. Nadie puede ser declarado «inelegible» una vez que ya ha sido elegido, pero tratándose del caso catalán ni el derecho ni la lengua son obstáculos insalvables… al menos no si se trata de defender la "indisoluble unidad de la nación española", como afirma la misma Constitución que estos ardores patrióticos terminarán por cargarse.

Mientras todo esto sucedía tenía que combinarlo con mis obligaciones o placeres domésticos, ya que había que hacer compras navideñas y, ya el 24, preparar la cena de Nochebuena que, en esta ocasión, sería muy en familia con Isabel, Elena, mi suegra y su hermana. Todo eran prisas y a tal nivel que recuerdo haber estado empaquetando los regalos de Elena en el garaje de casa para que ella no me viese en el último minuto. Las notificaciones del Supremo, de la Junta Electoral Provincial de Barcelona y de todo dios siguieron llegando hasta el mismo 24 de diciembre.

Así nos pasamos la Navidad, pero ya el jueves 26, y mientras estábamos pendientes de cerrar otro escrito más y presentarlos, me fui a París en el primer vuelo de la mañana para una serie de reuniones y regresar en el último vuelo de la noche; todo estaba bien organizado y hasta cronometrado excepto una cosa: la huelga general que había en esa ciudad y que me obligó a ir de un sitio a otro no ya caminando, sino casi corriendo. Se trataba de un nuevo caso que presentaba una serie de desafíos en derecho europeo que merecía y merece el esfuerzo adecuado.

No sé cómo, porque aún no me queda claro de dónde salió el providencial taxi que encontré para regresar al aeropuerto, pero conseguí llegar minutos antes de que cerrasen  el embarque del vuelo y regresé a casa esa noche.

El viernes 27 me dediqué a terminar escritos y pasé una buena parte del día comunicándome con Costa y con Cekpet porque estábamos al límite de tiempo para presentar escritos en relación tanto con el president Torra como con el president Puigdemont y Toni Comín. El año se acababa pero el trabajo no había forma de finalizarlo.

El fin de semana seguimos trabajando, el tema de la JEC no había terminado y un nuevo plazo, esta vez para  recurrir y, al mismo tiempo, impugnar los recursos del PP, Ciudadanos y Vox, vencía el 30 a mediodía, con lo que no quedaba tiempo para nada, mucho menos para desconectar o descansar.

Debido a la situación creada por la actuación coordinada entre Partido Popular, Ciudadanos, Vox y la JEC, el lunes 30 tuve que viajar de urgencia a Barcelona y, nada más llegar, me dirigí primero a reunirme con Costa y con Cekpet, y así revisar todo lo que teníamos que presentar y además ver lo pendiente para los primeros días del año y que no nos pillase nada de sorpresa. Un 30 de diciembre pocos están trabajando, pero en nuestro caso era inevitable porque teníamos tantos frentes abiertos que equivocarnos no era una opción admisible.

Una vez que terminamos, Costa me acercó a la plaza de Sant Jaume para entrevistarme con el president Torra y su equipo y ver las diversas respuestas jurídicas que daríamos al tema y, sobre todo, cuáles serían los plazos con los que contábamos. Fue una reunión que tuvimos que improvisar, pero los acontecimientos, ante esta nueva embestida de la derecha y sus resortes en el poder, generaban un escenario inesperado.

Más de uno se preguntó si no podíamos haberlo previsto, y la verdad es que visto estaba, pero era una de esas situaciones que, por aberrantes, se descartan como escenario posible, y cuando digo aberrante me refiero a que carecía de cualquier tipo de sustento que lo hiciese viable, a excepción de uno: que los poderes del Estado, que no son los del Gobierno, se alineasen y se pusiesen en marcha con el doble objetivo de cesar al president Torra e impedir la investidura de Pedro Sánchez… Una jugada muy propia de quienes se abanderan con la Constitución pero que de demócratas tienen lo que yo de jugador de baloncesto.

(...) era una de esas situaciones que, por aberrantes, se descartan como escenario posible (...) que carecía de cualquier tipo de sustento que lo hiciese viable, a excepción de uno: que los poderes del Estado, que no son los del Gobierno, se alineasen y se pusiesen en marcha con el doble objetivo de cesar al president Torra e impedir la investidura de Pedro Sánchez

Al terminar la reunión con el president Torra, que fue sobre las 14.00, llamé a Costa, que estaba en el Parlament, y a Cekpet, que estaba ya en su oficina, para que nos fuésemos a comer, como si se tratara de nuestra celebración de fin de año. Media hora más tarde ya estábamos sentados en un agradable restaurante tratando de desconectar un rato; no era sencillo, pero nos lo habíamos ganado y, además, yo tenía tiempo hasta las 17.00, en que debía irme al aeropuerto para regresar a Madrid.

No habíamos tenido ni media hora de tiempo de relajo en todos estos meses y, al final, justo antes de terminar el año, la logramos; en cualquier caso duraría poco porque no pararíamos en los próximos días.

El 31 me dediqué a tareas culinarias y las fui mezclando con trabajo porque nos notificaron dos cosas que eran urgentes: primero nos declararon la caducidad en una de las demandas que tenemos ante el Tribunal Supremo por el tema del Parlamento Europeo, lo que significaba que antes de las 14.00 del viernes teníamos que presentarla, y luego nos dieron traslado para oponernos a las apelaciones del Partido Popular, Ciudadanos y Vox contra el acuerdo de la Junta Electoral Provincial de Barcelona, que desestimaba sus respectivas solicitudes para inhabilitar, por medio de trampas, al president Torra, dándonos plazo hasta mediodía del 2 de enero… Las prisas les podían porque, como luego ha quedado claro, pretendían que fuese la JEC, en Madrid, la que lo inhabilitase antes de que comenzase el pleno de investidura de Pedro Sánchez.

Poco después de la medianoche, y con las uvas ya comidas, intentamos acostarnos rápidamente porque a la mañana siguiente saldríamos hacia Lisboa para pasar unos días, pero no fue posible porque llegó Salva, que venía de hacer una buena obra y tenía muchas ganas de marcha. Sabíamos que serían días muy movidos y, por tanto, cargamos con ordenador y memorias USB; de paso lo dejamos todo organizado para que siempre hubiese alguien del despacho de guardia que pudiese presentar los escritos, que ya entonces sabíamos que tendríamos que presentar.

Así acabó un año intenso tras el cual más que hacer un balance lo mejor sea decir: así están las cosas.

 

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