El ajedrez es los protagonistas de Fin de partida. Duchamp, el ajedrez y las vanguardias, la exposición que se presenta a la Fundació Miró hasta el 22 de enero. Mediante esta exposición, se pretende explorar el papel del ajedrez en el arte contemporáneo, para demostrar la hipótesis de que el ajedrez es "un fondo continuo de las vanguardias". Con este objetivo, la exposición, comisariada por Manuel Segade, reúne 80 obras de artistas e intelectuales bien diversos: Beckett, Dalí, Magritte, Paul Klee, Octavio Paz, Borges... E incluso de Mercè Rodoreda y Pérez de Rozas. Algunas de ellas es la primera vez que se pueden ver en Europa.

Duchamp, maestro

La exposición se centra, sobre todo, en un personaje emblemático, Marcel Duchamp (1877-1968), un artista polifacético amigo de Joan Miró que anunció que dejaba el arte para convertirse en un gran campeón de ajedrez. La verdad es que Duchamp no se llegó nunca a convertir en el campeón que él había soñado. Pero combinó el ajedrez con el arte como nadie: en 1944 organizó en Nueva York una exposición, con Julien Levy y Max Ernst consagrada al arte y al ajedrez. Un día, en la misma galería donde se exponía, incluso se organizó una competición de simultáneas, en que varios artistas competían con un gran campeón del ajedrez. Dicen que en los años sesenta Duchamp pasaba temporadas en Cadaqués y que siempre se sentaba en el bar Melitón, cada tarde, a las seis, para jugar sus partidas de ajedrez. Duchamp aseguraba que "He llegado a la conclusión que si bien no todos los artistas son jugadores de ajedrez, todos los jugadores de ajedrez son artistas". Al fin, cuando Duchamp murió, encontraron en su estudio una instalación para montar: en ella también jugaba un papel clave el ajedrez. Este juego le fascinó hasta la muerte.

Julian Wasser, Marcel Duchamp jugando al ajedrez en el Pasadena Museum, 18 de octubre, 1963. Fotografía, 18 x 25 cm. Arxiu Pere Vehí, Cadaqués.

El encanto de los cuadritos

El ajedrez, aunque es un juego conocido desde antiguo, se popularizó a finales del siglo XIX y empezó a tener una cierta importancia en el mundo artístico a principios del siglo XX. En poco tiempo serían un referente para intelectuales tan diversos como Nabokov, René Magritte o Bertolt Brecht. Es por esto que la exposición comprende el periodo 1910-1972, un tiempo de gran fascinación por este juego. Duchamp tiene un papel central en la exposición, con obras emblemáticas como La partida de ajedrez, pero también hay obras magníficas de otros artistas, como La partie d'échecs, de la brasileña Maria Helena Vieira da Silva. Y en una muestra de este tipo no podían faltar los juegos de ajedrez más artísticos. En la exposición se muestran una docena de tableros con figuras muy singulares, desde el modelo extremadamente simplificado de Josep Hartwig de 1923, hecho según los principios de la Bauhaus, hasta al ajedrez completamente blanco diseñado por Yoko Ono, donde no hay rivales, o el impresionante Wehrschach Tak-Tik, la versión nazi del milenario juego de mesa.

Wehrschach Tak-Tik. Juego militar de mesa. Reedición del juego original de 1938.

Arte / artes

Manuel Segade no ha querido hacer una exposición centrada únicamente en las artes plásticas, porque en realidad la influencia del ajedrez superó mucho este campo, pero también porque Duchamp mismo estaba en contacto con numerosos intelectuales que trabajaban con otros ámbitos. Por eso Fin de partida tiene muchos materiales procedentes de campos diferentes a las artes plásticas: desde películas de Betty Boop o el fragmento de El séptimo sello, donde el protagonista juega al ajedrez con la muerte, hasta las fotografías de Man Ray. Y también recurre a muchos documentos de tipos diversos: libros, folletos, materiales de archivo...

El ajedrez de Yoko Ono. Fotografía: Pere Pratsdesaba.

Omnipresente blanco y negro

Una de las principales aportaciones de la exposición es mostrar cómo un mismo elemento, el ajedrez, y sobre todo el tablero de ajedrez, puede ser interpretado y reinterpretado de formas bien diversas según los contextos. En Fin de partida se nos muestran las conexiones del cubismo con el ajedrez, planteado por los cubistas como la máxima expresión de las formas geométricas. Pero también se nos muestra la fascinación que ejerce el ajedrez sobre los constructivistas rusos, o como en otros ámbitos este juego fue usado como medio de evasión (esto es claro, por ejemplo, en el caso de Nabokov). En cambio, para los surrealistas el ajedrez se convierte en un método de análisis: «un escenario para la batalla de los géneros y un espacio de subversión de las propias leyes de su tablero», en palabras del comisario de la exposición. Y durante la Segunda Guerra Mundial, el ajedrez se convirtió en la pura encarnación del conflicto: el belicismo se encarnó en las figuritas. La exposición se cierra con un repaso del propio Duchamp a su trabajo y con una reflexión sobre el peso del ajedrez en el renovado panorama artístico de los años sesenta.

Marcel Duchamp. La Partie d'échecs [La partida de ajedrez], 1910. Óleo sobre tela. 114 x 146,5 cm. Philadelphia Museum of Art: The Louise and Walter Arensberg Collection, 1950. © Marcel Duchamp, VEGAP, 2016.

Sugerente

Organizar una exposición como Fin de partida implicaba un fuerte reto: se debían vincular dos ámbitos bastante diferentes, vanguardia y ajedrez, y además, hacerlo a través de un referente muy particular, Marcel Duchamp, un artista no excesivamente conocido en nuestro país. Era fácil dispersarse, pero Segade ha sabido conducir muy adecuadamente la exposición: son pocas las piezas sin una relación directa con el motivo central de la exposición. Y mediante esta asociación insólita entre ajedrez y vanguardias, la Fundació Miró ha sabido tejer un discurso sugerente e innovador. Una exposición absolutamente recomendable para los interesados en el arte del siglo XX o en el ajedrez.

 

Imagen de portada: Paul Klee, Überschach [Gran tablero de ajedrez], 1937. Óleo sobre tela. 121 x 110 cm. Kunsthaus Zürich, Suiza. © Paul Klee, VEGAP, 2016.