El sector turístico en Catalunya ha concluido la temporada de verano con datos de ocupación excelentes y, en algunos casos, históricos. No obstante, bajo esta aparente bonanza, esconde una realidad más matizada: el turista de hoy desembolsa menos y se aloja menos noches. Después de los años de euforia pospandemia, donde se gastó sin medida, hostaleros y restauradores perciben ahora una clara moderación en el consumo, aunque el flujo de visitantes se mantiene en niveles muy altos. Las cifras del Instituto Nacional de Estadística (INE) para julio reflejan esta paradoja.

Se batió el récord de turistas que utilizaron hoteles en Catalunya (2,6 millones, un 3,3% más), pero el número total de pernoctaciones se mantuvo casi estable (8,2 millones, solo un 0,2% más). La media de estancia cayó hasta las 3,14 noches por turista, la cifra más baja para un mes de julio desde 1999, excluyendo los años de la pandemia.

Antes del COVID-19, la media se situaba en 3,5 noches. Los representantes del sector alertan de un cambio de actitud en el consumidor. Elvira Garcia, directora general de Barcelona Abierta, habla de un "turismo de ahorro" a la capital catalana. "Hábitos como la experiencia de ir a un buen restaurante o de compras se han abandonado", señala. Incluso, detalla que clientes alojados en hoteles piden comer a domicilio o compran en supermercados para consumir en la habitación, una práctica que impacta directamente en la facturación de los restaurantes.

El alargamiento de la temporada, la apuesta del sector

Esta moderación en el gasto es generalizada. Manuel Ángel Ortiz, del Gremio de Hostelería de Castelldefels, lo ejemplifica con claridad: "No se gastarán 40 euros si pueden gastar 20". Ortiz prevé que los ingresos de agosto podrían caer hasta un 10% con respecto al año anterior. Desde Fecasarm, su secretario general, Joaquim Boadas, confirma esta tendencia y lamenta la desaparición del cliente que desembolsaba "entre 2.000 y 5.000 euros en una noche". A pesar de este reto, el sector encuentra un rayo de luz en la progresiva alargada de la alta temporada. La tendencia es que la demanda se reparta mejor a lo largo del año, aliviando la presión de los meses puntuales y dando más estabilidad a los negocios.

Xavier Guardià, portavoz de la Federación Empresarial de Hostelería de Tarragona (FEHT), lo celebra: "Cuando tienes un 90-95% de ocupación vas más estresado". Para él, "lo más importante no es el número final de turistas ni crear récords, sino que la temporada sea cada vez más larga y constante". Esta misma estrategia la comparten los campings, otro de los sectores estrella. Miquel Gotanegra, presidente de la Federación Catalana de Campings, destaca que la temporada no se acaba en agosto y señala que en Girona ya tienen "ocupaciones muy elevados para el otoño".

El comportamiento por tipo de turista y destino

El tipo de turista juega un papel clave en esta evolución. El residente en el extranjero, que antes de la pandemia rondaba las cuatro noches por término medio, ahora se mueve en torno a las 3,5. El residente en España, en cambio, mantiene un comportamiento más estable, con unas 2,5 noches por término medio. La situación también varía según el destino. Mientras en Barcelona y su área metropolitana se nota más la reducción del gasto y la desaparición del "visitante local" en el centro de la ciudad, como alerta Garcia, zonas como el Alt Pirineu y el Arán viven un verano excelente.

Flòrido Dolcet, presidente de la Asociación de Empresas de Deportes de Aventura del Pallars Sobirà, señala que las altas temperaturas han impulsado las actividades acuáticas y espera cerrar la temporada con casi cifras de récord. En definitiva, el sector turístico catalán se enfrenta a un nuevo escenario: ha aprendido a vivir con cifras de ocupación récord, pero con un turista más consciente de su presupuesto y con la estancia más corta. La apuesta de futuro pasa por consolidar el alargamiento de la temporada y adaptarse a un consumidor que busca experiencias, pero con una mirada más prudente a sus desembolsos.