Las intenciones de Donald Trump de tomar el control de Groenlandia, quizás por la fuerza, poco después de detener a Maduro y anunciar el control del petróleo venezolano, tienen en alerta a todo Occidente y tensan el futuro de la geopolítica mundial. Por primera vez, Trump amenaza directamente a un miembro de la OTAN: Dinamarca. Aunque el acceso a los minerales críticos es uno de los argumentos principales para defender su interés en esta isla con 2,1 millones de kilómetros cuadrados y una población de 56.836 habitantes, no es el único. Entre las incógnitas que se abren al paso de esta tensión, está la de cómo pueden avanzar las relaciones económicas entre Estados Unidos y la Unión Europea. Y la apuesta por el coche eléctrico, las placas fotovoltaicas, el hidrógeno verde o el biometano pueden ser claves para combatir a Trump y dejar de depender de su gas.
La progresiva reducción del gas ruso importado en Europa ha derivado en un aumento de la llegada de gas natural licuado por mar desde los Estados Unidos, intercambio que favoreció una rebaja en los aranceles en Europa. En el año 2024, los Estados Unidos fueron el principal proveedor de fuera de la Unión Europea (solo por detrás de Noruega) de gas, con el 16,5% del total. Es también el primer exportador de licuado, con un 57,7% del total y una subida del 8,1%, cifras estas actualizadas a 2025. Además, más de un 18% del petróleo que llega a la Unión Europea proviene de los Estados Unidos.
En caso de una escalada de tensiones o de querer tomar medidas económicas contra la administración Trump, el margen de maniobra para encontrar otras fuentes de combustibles fósiles es reducido para Europa y, aún más si pierde el potencial petrolero y gasístico que puede haber en Groenlandia en favor de los Estados Unidos. Hay, por lo tanto, solo una vía para reducir la dependencia energética y que, además, podría debilitar económicamente a los Estados Unidos: apostar por las energías renovables, más baratas y de producción autóctona (se necesita viento, sol, agua y materia orgánica en el caso del biometano). Es, además, una vía de la que Trump reniega, pues ha frenado los principales parques eólicos recientemente y este mismo miércoles retiraba a los Estados Unidos de todos los acuerdos por el clima, reafirmando su negacionismo del cambio climático.
Pero la apuesta por la transición energética, "ya no es una cuestión climática, sino también económica", ha alertado este jueves en una videoconferencia la profesora en Estudios Bélicos, Clima y Energía del King's College de Londres, Pauline Heinrichs. "En un momento en que el continente europeo está claramente interesado en invertir en seguridad, es sorprendente que esto todavía coincida con las inversiones en combustibles fósiles y las futuras inversiones en combustibles fósiles. Europa finalmente debe poder unir los puntos de esta manera. La transición para abandonar los combustibles fósiles y el petróleo específicamente es por esta razón, no ideológica. Es una necesidad económica, sobre todo cuando las políticas de transición apenas se están desarrollando, y algo que la UE debe tomarse en serio, sin esperar otra llamada de atención".
Si uno de los motivos para invertir en seguridad es, más allá de las exigencias de la OTAN, hacer que Europa dependa menos de los Estados Unidos para defender su territorio (con la alianza temblorosa como está desde hace meses), la transición energética acelera el proceso de hacerse soberano, autónomo, que es el camino que marca la geopolítica de tensiones mundiales cruzadas y menos confianza interna en el bloque occidental.
Por ahora, España ya produce más del 50% de su electricidad con renovables y hay países, como precisamente Dinamarca, que se acercan al 100%. Además, Dinamarca prevé reemplazar todo su gas con biometano de cara a 2035. De cara a 2030, la Unión Europea se ha comprometido a reducir un 55% las emisiones de efecto invernadero y, para conseguirlo, debe alcanzar un 42% de cuota de renovables sobre el bruto total energético, frente al 24,5% actual.
Para alcanzar sus objetivos posteriores, Europa necesita inversiones de unos 812.000 millones de euros anuales en 22 sectores diferentes hasta 2030, según un informe reciente del think tank I4CE Institute for Climates Economics. Teniendo en cuenta que los hogares están cada vez más electrificados y que la electricidad está cada vez más dominada por las renovables (algunos países también apuestan por la nuclear), los retos van más allá de la electricidad y el aumento de los aerogeneradores eólicos y las placas fotovoltaicas. Las calefacciones de gas, la industria (que a elevada calor, no puede sostenerse solo con electricidad) y el transporte son los retos principales. Por ello, los coches eléctricos, y el aumento del biometano y del hidrógeno verde, que deberán sustituir a los fósiles en transporte pesado e industria, serán las claves para que esta transición sea completa. Por ahora, la Comisión Europea dio un paso atrás en este sentido cuando flexibilizó hace unas semanas la electrificación de los automóviles.
Ahora bien, para esta transición energética y digital, donde los chips y la electrónica tendrán cada vez más peso, es necesario un elemento esencial que, hoy en día, hace a Europa también dependiente, pero de China: las tierras raras. Y aunque ha iniciado un proyecto para volver a la minería en todo el territorio y hay yacimientos en todas partes, Groenlandia es justamente uno de los puntos claves.
En este sentido, durante la videoconferencia, el exministro de Energía de Bulgaria, Julian Popov, ahora investigador en Strategic Perspectives, ha asegurado que "la diplomacia europea puede hacer de esta crisis una oportunidad". "Puede desplazar el debate hacia la transición energética e industrial y, al mismo tiempo, dar un apoyo al rápido aumento de la inversión en redes y almacenamiento en la Unión Europea", ha señalado.
Petróleo, gas y tierras raras
Sobre las motivaciones de Trump para interesarse en Groenlandia, el investigador en seguridad climática en la Universidad de Copenhague, Jakob Dreyer, ha apuntado que Estados Unidos, aunque Trump sea negacionista, tiene estudiado "el impacto del cambio climático en el ámbito mundial, incluyéndose el impacto del Ártico en las rutas marítimas, la solidez del agua, el equipamiento y las inversiones militares, y en la dinámica de los conflictos". Y es en este sentido en el que lo considera clave.
El consultor de negocios de origen groenlandés Nick Bæk Heilmann, que ha trabajado para los gobiernos de Groenlandia y Dinamarca, expresó que cree que "las tierras raras y los minerales no son el motivo principal" de las pretensiones estadounidenses, "aunque le ayudan en el relato". "El mercado de Groenlandia para los minerales raros ya está abierto a inversiones extranjeras y, aun en el contexto de presión de los Estados Unidos, el país ha invitado a hacer estas inversiones. No es necesario, por tanto, invadir el país para explorar minerales", ha señalado. Ha apuntado, en cambio, a una posible voluntad "de expansión del territorio" del país, que se podría deber a motivaciones estrambóticas como la voluntad de los multimillonarios de Silicon Valley de tener un terreno de ensayo de nuevas tecnologías militares, del espacio y de otros tipos, así como construir allí un hub de inteligencia artificial.
Cierto es, en cualquier caso, que las reservas bajo el hielo de uranio son las sextas más grandes del mundo, las de tierras raras las segundas por detrás de China, las de gas natural sin descubrir tienen potencial de estar entre las más potentes del mundo y en las costas podría haber también importantes reservas de petróleo.