Un centenar de empresas catalanas mantiene, en este preciso momento, una actividad comercial y exportadora con Venezuela. Un vínculo económico que, a pesar de la extrema volatilidad geopolítica, continúa reflejando un volumen de ventas que alcanza la cifra de 50 millones de euros anuales. Esta información, procedente de datos internos de ACCIÓ, subraya la persistencia de un tejido productivo catalán que busca mantener el pie en un mercado tradicional, aunque ahora se encuentre inmerso en un proceso de profunda reconfiguración. La estructura de estas exportaciones revela un perfil diversificado, encabezado por el sector de los combustibles, que acapara una proporción significativa, superior a la quinta parte del total.

Este segmento, de gran peso en el contexto energético global, se complementa con una fuerte presencia de maquinaria y equipamiento, que representa casi otra quinta parte de las ventas. La industria de la perfumería y la cosmética, uno de los puntos fuertes de la marca Catalunya en el mundo, aporta también una contribución notable y demuestra el atractivo de productos de alta gama, incluso en escenarios complejos. Detrás de estos grandes bloques, los sectores del papel, del cartón o de las manufacturas conforman una serie de áreas especializadas que consolidan una oferta exportadora catalana completa y sofisticada.

Sin embargo, estas cifras se analizan con una perspectiva de realismo y precaución por parte de las instituciones. Desde ACCIÓ, organismo dependiente del departamento de Empresa y Trabajo de la Generalitat, se señala con claridad que, en el amplio panorama de las relaciones económicas internacionales de Catalunya, el mercado venezolano tiene hoy un peso relativo reducido. Su volumen actual no se compara con el de destinos principales de las exportaciones catalanas.

La conciencia de esta realidad no implica, sin embargo, una actitud pasiva. La agencia de la Generalitat ha comunicado a los empresarios que se pone a su "disposición más absoluta" para ofrecer asesoramiento y apoyo ante cualquier interrogante surgido de la delicada situación del país caribeño. Esta volatilidad política culminó, por ahora, con la operación militar conducida por fuerzas de los Estados Unidos que dio como resultado la captura del expresidente venezolano Nicolás Maduro, un acontecimiento que ha abierto una etapa incierta

Este clima de incertidumbre es compartido por todo el conjunto de los empresarios españoles con intereses en la región. El Gobierno, consciente del alcance de la situación, ha intensificado de manera notable los contactos diplomáticos y comerciales con la sesentena de corporaciones españolas que mantienen presencia física y activos de importancia en Venezuela, entre las que se encuentran gigantes como Repsol, Telefónica, BBVA, Mapfre o Inditex. El mensaje que se quiere transmitir, desde este vertiente institucional, es de serenidad y de compromiso con la seguridad tanto del patrimonio invertido como del personal desplegado en el territorio. La coyuntura actual, por tanto, se dibuja como un equilibrio entre continuidad y alerta.

Por un lado, cientos de empresas catalanas, mayoritariamente de capital mediano y grande, demuestran con sus registros de exportación que los lazos comerciales son resilientes y pueden sobrevivir a grandes convulsiones. Por otro, tanto la administración catalana como la española actúan como actores preventivos, ofreciendo redes de apoyo y subrayando la necesidad de una vigilancia estricta. El futuro de las relaciones económicas entre Catalunya y Venezuela parece depender, en gran medida, de la capacidad de adaptación a esta nueva realidad política en gestación y de la posibilidad de que el proceso de transición en el país sudamericano permita la recuperación de un espacio estable para el mutuo beneficio comercial.