El peculiar rover PROMISE de la NASA podría no llegar nunca a la Luna

La NASA pretende enviar a la Luna uno de los rovers que utiliza en la Tierra para probar sus vehículos destinados a Marte. El administrador de la agencia, Jared Isaacman, planteó públicamente el pasado 30 de junio la posibilidad de aprovechar este hardware, cuyo desarrollo ya ha supuesto una importante inversión, para darle una segunda vida en una misión lunar.

El proyecto recibe el nombre de PROMISE (Polar Rover for Observation, Mapping, and In-Situ Exploration), y pretende reutilizar componentes de los vehículos de prueba de Curiosity y Perseverance. Sobre el papel, parece una forma de ahorrar dinero aprovechando material que la NASA ya tiene. Sin embargo, convertir estos vehículos terrestres en una nave preparada para viajar al espacio podría ser mucho más caro y complicado de lo que se esperaba en un principio.

Un rover de Marte que tendría que prepararse para la Luna

La NASA conserva en el Laboratorio de Propulsión Jet (JPL) dos unidades de prueba de sus rovers marcianos. Una es MAGGIE, el vehículo utilizado para probar las tecnologías de Curiosity; mientras que la otra es OPTIMISM, el equivalente terrestre de Perseverance.

Estos vehículos permiten a los ingenieros probar movimientos, procedimientos y posibles problemas antes de aplicar soluciones a los rovers que se encuentran en Marte. El problema es que nunca fueron construidos para viajar al espacio. Funcionan conectados a sistemas externos y carecen de elementos imprescindibles para una misión lunar, como un sistema de comunicaciones preparado para el espacio, instrumentos científicos de vuelo o una fuente de energía nuclear.

Además, tendrían que soportar temperaturas extremas, vacío, radiación y el polvo lunar. Algunos componentes electrónicos podrían tampoco estar preparados para estas condiciones y otros tendrían que ser sustituidos por piezas que sí hayan superado las correspondientes pruebas de certificación.

PROMISE / NASA

La idea que maneja la NASA pasa por utilizar el chasis del vehículo de pruebas de Curiosity y añadir componentes procedentes del modelo de Perseverance. No sería, por tanto, simplemente enviar uno de estos rovers a la Luna, sino construir un nuevo vehículo combinando hardware desarrollado en momentos diferentes.

Y aquí aparece el principal problema: el ahorro podría ser mucho menor de lo esperado. Una estimación independiente sitúa el coste de PROMISE entre 700 millones y 1.300 millones de dólares, una auténtica barbaridad. Esta inversión económica estaría vinculada a el lanzamiento, el aterrizaje, las modificaciones, la certificación, el equipamiento científico, las operaciones y las reservas presupuestarias.

El lanzamiento y aterrizaje podrían representar entre 234 y 320 millones de dólares, mientras que adaptar y certificar el rover podría superar los 500 millones en el escenario más caro. A esto habría que sumar el sistema de energía basado en plutonio y aproximadamente un año de operaciones.

La propia naturaleza del proyecto también plantea dificultades adicionales. El rover tendría que utilizar una fuente de energía nuclear, lo que obliga a cumplir estrictos requisitos de seguridad antes del lanzamiento. Además, algunos de los componentes utilizados en los vehículos de prueba tienen más de una década y podrían haber dejado de fabricarse.

Si finalmente recibe luz verde, PROMISE tampoco estaría listo de inmediato. La estimación apunta a un lanzamiento durante los primeros años de la década de 2030. La propuesta busca aprovechar hardware existente, pero la realidad es que transformar un vehículo diseñado para permanecer en un garaje del JPL en un rover capaz de sobrevivir a un viaje espacial podría terminar costando cientos de millones de dólares.